LA COMUNALIDAD

Raíz, pensamiento, acción y horizonte de los pueblos indígenas


Adelfo Regino Montes




Bajo este pensamiento los mixes acostumbramos vernos parados en este mundo, sabiendo que nuestro sostén firme está en las raíces, que nuestra existencia hoy crece y florece -a pesar de todo- y que arriba de nuestra cabeza baja y sube inagotablemente un camino que desde el principio es orientado desde la raíz. Y así nuestros pueblos indígenas existen sembrados y plantados en estas tierras que por obra y gracia de la "razón" fue bautizado con un solo nombre: América. Esta concepción -frente a la interpretación tradicional- ve al mundo y su historia, de un modo vertical y en espiral. No en la forma horizontal y lineal del tiempo. Por eso desde la raíz, existencia y vuelo, nuestros pueblos son una integralidad vista desde todos los ángulos y sentidos. Así lo describo en estas breves líneas.





1. LA RAIZ Y LA CONCEPCION DE LA COMUNALIDAD

Nuestra raíz -como todas las raíces- no pueden concebirse sin la tierra. La tierra, que desde el punto de vista indio, es común. Es en la tierra donde nosotros existimos como seres humanos comunes, es decir, como pueblos, y en ella recreamos nuestra naturaleza y vida mediante el trabajo familiar y colectivo. En este contexto se hace enteramente explícito una "actitud humana hacia lo común", es decir, la comunalidad. Y esto es lo que da sentido y explicación a una buena parte del mundo indígena, buscando sin duda alguna la complementariedad entre lo singular y lo plural, entre lo bueno y lo malo, entre el individuo, cuya dimensión sólo puede ser entendida en el seno de una comunidad, que lo hace vivir y soñar .

Comunalidad y complementariedad, vienen a ser dos categorías básicas para entender la raíz, el pensamiento y la acción de los pueblos indígenas. De ahí se deriva la percepción de un universo integral en el que se relacionan mutuamente la TIERRA que da vida al PUEBLO (ser humano común) mediante el TRABAJO familiar y colectivo.


a) Las expresiones fundamentales de la comunalidad

1. Tierra y vida, que son comunes

Es por muchos conocido que nuestra vida transcurre en un espacio físico colectivo. Como tal, la tierra se puede entender -desde la perspectiva indígena- básicamente en dos sentidos:

a) Como espacio material en donde se reproduce nuestra existencia, y en donde trabajamos para obtener nuestros alimentos y sustento general.

b) Como espacio espiritual, dado que en ella viven nuestras raíces, nuestros ancestros, nuestros nahuales, que la convierten en nuestra madre que al nacer nos amamanta y al morir nos abre su seno.

Es por eso que se convierte en un elemento esencial de nuestra pervivencia, junto al agua, aire y fuego, y por eso mismo lo debemos tener en común. Incluso no podemos pelearnos por ella, porque se enoja y se muere. Gracias a esta concepción, se pudieron implementar técnicas para cuidar y alimentar bien a la naturaleza. Aunque también se propagó en muchas regiones las técnicas que la desprotegían y en consecuencia lo expusieron a la muerte.

Y tener la tierra en común, no significa que todos tengamos que trabajarla en un mismo lugar o sitio, sino que nadie puede apropiarse de ella en el sentido tradicional del término, dado que la apropiación individual está claramente prohibida en muchas comunidades. Lo que sí podemos apreciar es la posesión familiar en los casos donde hay cultivos perennes. Pero ahí no hay apropiación de la tierra, sino de la planta que es producto del esfuerzo familiar, y la comunidad así lo tiene que respetar.

Gracias a esta concepción comunal de la tierra, los pueblos indígenas vivimos en medio de una enorme riqueza natural y cultural, que se expresa fundamentalmente en la alta potencialidad de nuestras tierras y la biodiversidad que en ella se anidan. La premisa básica de concebir a la tierra como nuestra madre, y todo lo que en ella crece y permanece como nuestr@s herman@s, ha permitido que aún podamos convivir sin grandes apuros, aún en medio de la destrucción masiva del entorno que ahora observamos todos.

2. Ser humano común, la comunidad y el pueblo

Si la vida proviene de la tierra, y ésta es común a todos, el ser humano sólo encuentra sentido en tanto forma parte de una determinada colectividad. Los indígenas obtenemos nuestra identidad en tanto somos miembros de una familia y de una comunidad, y nunca de manera aislada, como individuos separados. No es que para nosotros no existan los individuos, ni que éstos se contrapongan a la comunidad. Lo que ocurre es que nosotros los individuos -visto desde todos los ángulos- sólo encontramos existencia plena en tanto somos miembros de una colectividad

Como comunidades y pueblos nos concebimos y existimos. Así actualmente, el sentido de pertenencia a una comunidad es la vivencia más cercana y más profundamente arraigada que tenemos los indígenas. Aunado a lo anterior la noción de "pueblo" es un sentimiento que vivimos y defendemos con fuerza. De hecho, con independencia de pertenecer a una u otra comunidad tenemos una manera común de nombrarnos en tanto pueblos (por ejemplo, los mixes nos auto-denominamos ayuuk ja 'ay).

Por eso, nosotros herederos de aquellos pobladores originales, -además de comunidades- seguimos siendo pueblos, pues en cada caso seguimos reuniendo tanto las características "objetivas" que se atribuyen tradicionalmente a los pueblos (un idioma, una historia, una religiosidad, una cosmovisión propia, una forma de aprendizaje, un derecho, en general una cultura común y distintiva), como las "subjetivas" (identidad, voluntad de seguir unidos).

Y quizás el reflejo más contundente de nuestra existencia como comunidad, se da en lo que atañe a la toma de decisiones que afectan a la comunidad y al ejercicio de las mismas. Aquí juegan un papel fundamental las Asambleas como el espacio común para cumplir esas funciones.

Las decisiones a tomar tienen que ver con cuestiones relacionadas con el servicio comunitario ( sistema de cargos), con la relación con las autoridades externas, con la resolución de conflictos de alcance comunal, con la satisfacción de las necesidades comunitarias, con la educación y con la fiestas colectivas, entre otras.

En la Asamblea se mantiene el poder supremo de la comunidad y a partir de ahí se derivan los trabajos y los servicios a desarrollar. Por ejemplo, las autoridades nombradas en el marco de una Asamblea tienen que rendir cuentas a ella sobre los actos y las gestiones realizadas en el transcurso de su mandato .

Pero no sólo somos comunidad, sino también somos una unidad cultural más amplia para abarcar a un pueblo indígena entero. El fortalecimiento y la ampliación de lo anterior para que trascienda más allá del nivel comunitario ha sido una de las tareas que hasta el día de hoy ha tenido poco progreso, aunque se han dado algunos avances. Por ejemplo, en el caso de los mixes de Oaxaca surgió en la década de los ochenta lo que se denominó la Asamblea de Autoridades Mixes. La tarea anterior se ha realizado con miras a reconstituimos en tanto pueblos.

3. El trabajo común: forma de relación tierra-ser humano

Nääx (tierra) y jä'äy (gente) se relacionan y complementan mutuamente a través del trabajo. Y el trabajo que desempeñamos comúnmente los indígenas se da en dos niveles:

a) El primero se ubica en el nivel familiar y propicia fundamentalmente el sustento económico en ese ámbito. Aquí observamos formas internas de colaboración como la mano vuelta o la gozona, que de alguna manera han propiciado el fortalecimiento de la economía de las comunidades. También, a este nivel se han comenzado a gestar organizaciones locales de productores en tanto agrupamiento de jefes o jefas de familia.

En esta dirección tenemos ejemplos claros de organizaciones regionales indígenas con un marcado sustento local con base a la colaboración familiar .Podemos señalar por ejemplo a Xi-nich, conformada fundamentalmente por Choles, Tzotziles, Zoques de Chiapas; a la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI) de Oaxaca, que trabaja fundamentalmente la producción y comercialización del café; a la Asamblea de Productores Mixes y la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca, que trabajan sobre todo la producción de granos básicos y el café. Está también la experiencia económica de los Pueblos Nahuas de Guerrero con planteamientos que coinciden con las experiencias anteriores.

Lo anterior ha sido posible gracias a la colaboración familiar y al planteamiento cada vez más definido de alternativas de trabajo y crecimiento con base a los cultivos tradicionales (maíz, frijol, chile), complementados con los cultivos que a principios de este siglo nos fueron impuestos (por ejemplo, el café).

b) En el segundo nivel podemos hablar del trabajo comunitario, denominado comúnmente tequio. Es a partir de esta institución como se ha logrado construir en las comunidades la infraestructura hasta hoy existente. Los servicios comunitarios de agua, luz, caminos y otras necesidades, han logrado ponerse en marcha de manera oportuna gracias a la colaboración colectiva.

En el trabajo los indígenas aprendemos a caminar, a sembrar, a limpiar y a cosechar. También a través del trabajo aprendemos a escribir, a leer, a interpretar al mundo y la naturaleza. Es mediante el trabajo familiar y comunitario, como los indígenas recreamos a la tierra, a la naturaleza y a nosotros mismos. En ello hemos sido consecuentes hasta el día de hoy, aunque vemos con tristeza cómo en el mundo y en nuestro país va avanzando una cultura de trabajo en donde el enemigo fundamental es precisamente la creación y recreación en el trabajo.

Y el trabajo sólo tiene sentido cuando se hace al servicio de los demás, es decir, de la comunidad. El trabajo que no mira más allá de la individualidad, no tiene sentido ni razón de ser en el marco del pensamiento indígena. Por eso es que el trabajo no es una simple mercancía, como se considera en algunos casos.


2. LA COMUNALIDAD Y LOS DESAFIOS DEL INDIVIDUALISMO

a) La tierra: individuo y objeto

Hasta hoy nos enseñan que la tierra es susceptible de ser objeto de comercio. Bajo esta concepción, se afirma, que el hombre debe dominar la naturaleza. La tierra para su mejor aprovechamiento, dicen otros, debe ser pertenencia personal y debe ser aprovechada individualmente. Esta lógica cuya expresión máxima se encuentra consagrada en el artículo 27 de la Constitución Mexicana, refleja una concepción y una lógica cuyas consecuencias y costos están a la vista.

Mientras en las ciudades se vive en medio de una calor sofocante que el cuerpo humano no soporta más, en numerosas comunidades indígenas el medio ambiente aun permite respirar tranquilo y sudar al punto de refrescar el organismo y sus sentidos. Esta destrucción generalizada de la naturaleza -denominada jurídicamente como ECOCIDIO- nos ha llevado al punto mismo de estar acabando nuestro propio eco sistema. La preocupación está aquí en nuestro corazón y cabeza, de tal modo que nos toca ahora responder. y la respuesta no vendrá de arriba, de los hombres y mujeres del poder y el dinero, sino de nosotros los de abajo, es decir, nuestras comunidades y pueblos.

La cultura de la depredación natural se vio profundizada en la medida en que fue complementada con la cultura de la homogeneidad y el individualismo. Los más grandes ideólogos de la revolución verde, consideraron que la mejor forma de "dominar a la tierra y también al hombre" partía del hecho mismo de tener una agricultura común, con un paquete tecnológico único, con un sólo tipo de semillas, en fin, con una sola forma cultural de concebir y trabajar a la tierra. En el marco de esta concepción se han considerado como estorbo natural los regímenes comunal y ejidal de la tierra, así como la agricultura específica de los pueblos indígenas. PROCEDE y PROCEDECOM, son esfuerzos renovadores del Gobierno actual para individualizar a la tierra y encaminar a las comunidades y ejidos a una supuesta "seguridad jurídica de sus tierras".

Al tener nuestra tierra de manera individual -dicen los gobernantes tecnócratas- será mucho más fácil que los apoyos de PROCAMPO y PROGRESA lleguen sin dificultades y quebrantos hacia nosotros. Dicen que así será más fácil que los bancos o las empresas "que tienen dinero" encaminen sus recursos hacia la capitalización del campo mexicano. Porque -afirman convencidamente- lo que hace falta para reactivar el campo mexicano es precisamente capital financiero. Pero ellos bien saben de nuestras potencialidades y a toda costa quieren someternos aplicando puntualmente el dictado maquiavélico del "divide y vencerás". Ellos saben que pueden controlarnos mejor tratando con individuos y no con Asambleas ( colectividades) .

PROCEDE y PROCEDECOM son ahora la punta de lanza de la nueva política agraria del gobierno mexicano para dividir y someter a las comunidades. En la colonia se utilizaron los llamados títulos primordiales para trazar límites y confines de las tierras de los pueblos creando un sinnúmero de problemas y conflictos que hasta hoy padecemos. De los límites naturales los colonizadores crearon límites artificiales con base a la conveniencia y a la capacidad de adivinanza de los jueces instaurados por ellos mismos. Quienes se declaraban aliados y servidores fieles de la Corona, automáticamente se convertían en titulares -por disposición de dios y del rey- de éstas tierras impuras del nuevo mundo. Quienes se rebelaron ni siquiera podían soñar con un título que acreditara la propiedad de sus tierras. A eso se debe que una gran cantidad de comunidades se hayan quedado sin títulos y hayan sido declarados terrenos nacionales por el Estado que se formaría después de una supuesta “independencia nacional”.

Por “piedad” de la revolución mexicana, la nueva legalidad mostraría una ingenua generosidad estatuyendo que aquellos que no tuviesen dichos títulos primordiales pero sí la posesión, podían aprovecharse el resquicio jurídico de la dotación de tierras para constituir un Ejido. Dolorosamente muchos de las comunidades de hecho a principios del presente siglo tuvieron que convertirse jurídicamente en Ejidos con el único objeto de garantizar la propiedad de sus tierras. No quisieron ser ejidos y para ventaja nuestra en muy pocos casos funcionaron como tales. Hoy día –conforme a la Ley Agraria- estos ejidos podrán reconvertirse a comunidad, tal como siempre fueron.

Los títulos primordiales ayudaron a que un gran número de comunidades lograran su reconocimiento jurídico, incluso a que algunos de ellos pudieran lograr la reivindicación de sus tierras. Pero por muy diversas razones -en parte por la irresponsabilidad de algunos sectores del gobierno- muchos de estos procedimientos de reconocimiento se convirtieron en conflictos por límites de tierras, por la oposición e inconformidad de los colindantes. Pronto algunas entidades federativas como Oaxaca se convirtieron en auténticos hervideros

de problemas de confrontación por la tierras. Basta decir que un ejemplo de lo anterior es la masacre acaecida en el paraje de Agua Fría, perteneciente a la comunidad de Xochiltepec en el que fueron masacrados 26 indígenas zapotecas de la Sierra Sur. También habría que echar un vistazo a los expedientes por conflicto de límites de tierras planteados en los Tribunales Unitarios Agrarios del país, para tener una idea de la enorme magnitud del problema agrario en México.

Indudablemente, nada es producto de la casualidad y ha quedado totalmente demostrado que la concepción dominante de la tierra nos está llevando a un abismo sin fondo, en el que la muerte es inevitable. Frente a esta tendencia los pueblos indígenas estamos alertando y afirmando que nuestro camino sigue siendo una alternativa que los demás pueblos del mundo, en vez de combatirla, deberían valorar .


b) El trabajo: atomización y mercancía

La revolución industrial primero, y después todas las tendencias de interpretación económica, nos enseñan que el trabajo es propiedad individual y mercancía que se oferta en el mercado. Nos dicen que en el campo mexicano, mas que campesinos dueños de su tierra y producción, deberían haber jornaleros al servicio de un patrón, que pudiese garantizar un salario y en consecuencia obtener mayor bienestar .

Dado que este propósito no se cumple -por la terquedad indígena- entonces se ha optado por expulsar y desvincular al campesino de la tierra, ahogándolo económicamente y expulsándolo mediante la emigración hacia las grandes ciudades. Con esta lógica, hemos transitado de una sociedad eminentemente rural a una sociedad mayoritariamente urbana. Lo anterior no significa que tengamos ahora mayor bienestar y desarrollo. Simplemente, los que antes eran campesinos en sus comunidades, ahora son albañiles en las grandes ciudades, reforzando los amplios cinturones de miseria en las urbes.

Pero no es sólo la expulsión del campesino de su comunidad, sino es también la intención profunda de eliminar toda forma de creación y recreación de la naturaleza y todo lo que le rodea. El ejemplo más claro de esta estrategia se expresan en las llamadas maquiladoras. En estos centros de trabajo los seres humanos se han convertido en verdaderos autómatas que repetidamente hacen una misma acción, sin llegar a saber incluso en qué parte del mundo su obra será terminada. Minar al hombre en su capacidad de pensar, organizarse, actuar y construir, son los blancos directos de la tendencia mundial a atomizar el trabajo y reducirlo a una simple acción sin trascendencia, ni sentido. Y esto es precisamente el virus que está desafiando la capacidad colectiva de trabajo de nuestros Pueblos.

Aunado a lo anterior. han comenzado a llegar del exterior ideas que pretenden socavar y destruir totalmente la institución del trabajo comunal, bajo el argumento de que dicho trabajo colectivo es atentatorio contra las garantías de libre trabajo de los seres humanos. A partir de estos argumentos, algunas sectas religiosas y partidos políticos pretenden que los comuneros v comuneras evadan los compromisos comunitarios, y para ello se disfrazan los

problemas de otra naturaleza. Por ejemplo, es muy común oír que a las personas se les persigue al interior de las comunidades por motivos religiosos, cuando las razones residen en el incumplimiento de los trabajos comunitarios. Debe quedar claro entonces que en la comunidad no se persigue la creencia o la fe de una persona, sino el incumplimiento de las obligaciones comunitarias.

Así la globalización está arrasando diversos aspectos de la vida indígena, y está destruyendo la creatividad de la gente en lo individual y colectivo para que no hayan esperanzas de trabajo en el plano familiar y comunitario. Nadie, ni el propio gobierno están preocupados por potenciar y recuperar los mecanismos dados a nivel familiar, interfamiliar y comunitario, para fortalecer la capacidad de la gente en su habilidad para recrear la naturaleza con equilibrio y armonía. Y sí se están asumiendo actitudes paternalistas, divorciando a las comunidades de su capacidad de trabajo y recreación de la naturaleza, acrecentando más la crisis estructural que pretende ahogarnos.

De no detener esta globalización injusta, y de no implementar tecnologías y creaciones que nos permitan trabajar desde las regiones, la emigración hacia otras regiones del país y del extranjero (fundamentalmente hacia los Estados Unidos de América) serán cada vez más alarmantes y difíciles de controlar .Habrá un desequilibrio social que irremediablemente romperá la paz en nuestro país y el mundo.



c) El Pueblo-Estado: ciudadanos individuales y homogéneos.

Los pensadores modernos del Renacimiento y la Ilustración mucho tiempo dedicaron a la concepción de un Estado conformado por individuos iguales y homogéneos. Todos los individuos -por su seguridad y bienestar- pactaban un contrato social para dar forma y contenido a una organización jurídico-política, distinto a los Feudos. Esto mismo quiso aplicarse de manera rigurosa en tierras americanas, borrando todo vestigio de diversidad y heterogeneidad.

Esta tendencia se siguió en las "políticas de concentración" o en las famosas encomiendas implementadas desde tiempos de la colonia. La misma actitud se implementó desde la constitución del Estado Mexicano, siendo la "exaltación del individuo" la regla de oro para normar la convivencia jurídico-política. Así en la constitución de 1824 las colectividades serían tajantemente olvidadas, y el trato dado a los pueblos indígenas fue semejante al trato que se impartía a los extranjeros, procurando en todo caso reducimos a un régimen de reservaciones y aislándonos de la sociedad nacional.

A partir de este esquema empiezan a ponerse los cimientos de la naciente nación mexicana, que tendrá como propósito lograr una homogeneización de la población en todos los sentidos. Con el Gobierno Liberal del movimiento de la Reforma las cosas no cambiaron mucho, a pesar de que tal corriente era encabezada por un indio zapoteco -Benito Juárez García-. En este contexto se expidió la Constitución de 1857 que volvió a excluir de toda consideración a los pueblos indígenas, a pesar de que algunas personas como Ignacio Ramírez "El Nigromante" habían propuesto tratar el asunto relativo a los pueblos originarios de México. Pero su voz no tuvo eco en aquel entonces.

Así, la historia nacional nos condujo en aquellos tiempos a ser sometidos a una campaña de despojo de nuestras tierras comunales, que pasaron a manos de grandes terratenientes, a tal grado que bajo el régimen de Porfirio Díaz las tierras comunales habían disminuido considerablemente y miles de indígenas mexicanos se habían convertido en peones acasillados.

Lo anterior dio origen al grito de "Tierra y Libertad" encabezado por el movimiento zapatista en el centro y sureste mexicano, y en el norte por el villismo, y que en su conjunto gestarían lo que hoy conocemos como el movimiento de la Revolución Mexicana. El cauce jurídico-político de esta gran revolución habría de quedar reflejado en parte en la Constitución de 1917, que en general no retornaría las demandas sustantivas de los pueblos indígenas, aunque en lo particular daba una respuesta oportuna a la demanda concreta de la tierra.

De 1917 en adelante, la idea de un estado homogéneo que ignoraba radicalmente a los Pueblos Indígenas comenzó a ser puesta en práctica por los gobiernos post-revolucionarios. Lo anterior tuvo un reflejo muy fuerte en la llamada política asistencialista-integracionista que empezó a ser impulsada desde las diversas instancias gubernamentales. En particular, el diseño de la Educación hecha por José Vasconcelos bajo la idea del nacimiento de una nueva raza denominada por él "raza cósmica", originó un tipo de pensamiento con pretensiones homogeneizantes e individualistas, con la clara consigna de que el pasado mexicano era indio, pero que el futuro seria todo menos eso.

De igual manera, los gobiernos post-revolucionarios llevaron a su máxima expresión la concepción de un Estado conformado por individuos y no por colectividades diversas. Esta idea desconoció en las leyes, así como en las políticas impulsadas por el Estado, lo que era una realidad visible en todos los sentidos: la existencia de pueblos y colectividades diferenciadas en el marco del Estado naciente. Así, la supuesta Revolución mexicana, para el caso de los pueblos indígenas no implicó más que el cambio de una cúpula gubernamental por otra.

En este marco general se instituyeron desde el Estado las políticas integracionistas hacia los pueblos indígenas, sin ningún avance sustantivo en lo que concierne a la manera de considerarnos. En el régimen de Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho se crearon y consolidaron las primeras estructuras indigenistas, como por ejemplo el Instituto Nacional Indigenista. Desde estas instancias habrían de canalizarse toda la voluntad del Estado hacia su meta única con respecto a los indios mexicanos: INTEGRARLOS AL DESARROLLO NACIONAL, bajo la premisa de que nuestra situación de pobreza y marginación se debía a nuestras "condiciones culturales y sistemas de vida".

Considerar a los ciudadanos iguales y homogéneos ha traído consigo mayor desigualdad y mayor violación a la autonomía y libertad de las colectividades que son diferentes y conviven en el marco de un mismo Estado. Esta es la conclusión más evidente a estas alturas, y que se reproduce cotidianamente en las regiones y en los pueblos que existimos en México. Por ejemplo, los indígenas oaxaqueños estamos cansados de las imposiciones gubernamentales maquinadas desde las llamadas "delegaciones y subdelegaciones de gobierno” que son perjudiciales para nuestros procesos de autonomía y violentan incluso el contenido del artículo 115 constitucional en tanto que son instancias de intermediación entre el gobierno estatal y los municipios, algo muy similar a las jefaturas políticas del Porfiriato.

Y esto mismo va socavando el virtual estado de derecho que debiera existir y en consecuencia respetarse. Vistas así las cosas, los límites del individuo y de la supuesta igualdad, están a la vista. De esto poco se dieron cuenta los “ilustrados de la edad moderna”, y hoy todos tendremos que voltear la mirada hacia una forma de organización que tomando en cuenta individuos, también dé importancia a las colectividades en cuyo seno vivimos. Este es el reto.

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