MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 11 de diciembre de 2009/ Número 9

OPINIÓN

 
 
El presupuesto rural frente al fracaso de las actuales políticas para enfrentar la pobreza
Ernesto Ladrón de Guevara Alafita y Luis Meneses Murillo
 


En días recientes el Congreso aprobó el paquete económico para el ejercicio 2010. En particular la determinación de los ingresos se caracterizó por los incrementos en los impuestos a la población cautiva, específicamente el IVA subió a 16%, el Impuesto sobre la Renta pasó a 30%, y los depósitos en efectivo a 3%. Mientras tanto, los subsidios autorizados en gasolina y energía eléctrica se vieron reducidos, por ello este paquete es recesivo e inflacionario, contrario a lo que en la actualidad hacen la mayoría de los países frente a la crisis.

La característica principal de este paquete económico es que no distribuyó la carga fiscal en forma equitativa, es más, no tocó los privilegios de grandes evasores de impuestos, acción que por sí sola hubiera sido suficiente para cubrir los huecos en las finanzas públicas. Al verse descubiertas, las principales fuerzas políticas en el Congreso han convocado para el próximo mes de enero a elaborar una verdadera reforma fiscal, pues tratan de ocultar que hace dos años Carstens también impulsó ¨la reforma para los que menos tienen¨, donde se estableció el IETU, diciendo que era la solución de largo plazo que el país exigía.

Caracterización del presupuesto aprobado para el campo
Las organizaciones de productores hicieron una serie de propuestas a la Cámara de Diputados, en concreto se señaló que se requería un presupuesto que fomentara el empleo, donde el gasto productivo fuera mayor al gasto asistencial, a la inversa de la propuesta del gobierno federal. Un presupuesto que evitara el clientelismo político, que respaldara la soberanía alimentaria establecida en la ley de Desarrollo Rural Sustentable y diera prioridad a la producción nacional en los productos básicos y estratégicos, con objetivos y metas concretas para reducir en un 30% nuestra alarmante dependencia alimentaria.

Como resultado tenemos un presupuesto autorizado al Sector Rural de $269,078.6 millones de pesos (mdp), superior en 33,220.4 al presupuesto aprobado para el 2009, el incremento asciende a 14% nominal y a 9% en términos reales.

A pesar de los incrementos presentados año con año en el presupuesto, ese esfuerzo de legisladores y productores se ve mermado por la ineficiencia gubernamental, pues en promedio cada año deja de aplicarse 7% del presupuesto como resultado de subejercicios.

Entre los principales logros podemos señalar los siguientes:
Se compensaron las reducciones en el gasto productivo, dejando a esos programas con el mismo monto asignado para el 2009; se niveló el gasto productivo con el asistencial, quedando en 29% el fomento productivo, en 32% el combate a la pobreza y en 20% lo aprobado para infraestructura; los principales incrementos se dieron en Oportunidades con más de 15,000 mdp, en caminos rurales con 17,620, programas hidráulicos con 5,960 y el Programa Especial de Seguridad Alimentaria (PESA) con 2,000 mdp.

El presupuesto destinado a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), se mantiene prácticamente igual nominalmente al presupuesto anterior, en 7,815.7 mdp, lo que significa no sólo que no habrá mejoría para este sector, sino que verá reducido su efecto en proporción a la inflación que se presenta.

Podemos concentrar las desventajas del presupuesto aprobado en los siguientes aspectos: no se aprobaron los nuevos programas propuestos, en particular los orientados a atender la crisis alimentaria y la dependencia alimentaria del exterior, tales como la Reserva Estratégica de Alimentos; el fideicomiso tasa ¨0¨, a efecto de implementar el financiamiento rural como un verdadero instrumento de desarrollo; el Fondo de Recuperación de Tierras Ejidales y Comunales, dirigido a las parcelas rentadas y a restablecer el régimen de producción social.

Una altísima concentración de recursos en tan sólo cinco programas cuya principal característica es que son de carácter asistencial y pertenecen al núcleo de Oportunidades, o bien que son los programas de Sagarpa que atienden a los grandes productores y los de menor acceso para la población campesina. Estos cinco programas tienen el 55.5% del total del Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable (PEC): Oportunidades (27%), Procampo, Caminos Rurales y PET, Ingreso Objetivo y Comercialización, y Aportaciones Federales a Infraestructura.

En conclusión, se mantuvo la estructura presupuestal tradicional, no se adecuó el PEC a la nueva prioridad nacional de fomentar el empleo y atender los problemas de la pobreza alimentaria, en particular se debió transformar la acción gubernamental para atender la pobreza con programas asistenciales en una acción de fomento a los programas productivos, para producir los alimentos necesarios de quienes padecen hambre. Es más factible subsidiar al productor para impulsar la producción de autoconsumo, con un solo estímulo, que darle 200 pesos mensuales que no resuelven sus necesidades y lo hacen más dependiente.

El gobierno pretende aliviar la pobreza aplicando la misma medicina que provocó el incremento de seis millones de pobres en sólo tres años de la presente administración: Oportunidades. Por ser 2010 un año de elecciones se observa que en la asignación de recursos y en la aplicación de los mismos habrá un marcado sesgo electoral.
 
 
 
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