MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 9 de octubre de 2009/ Número 8

OPINIÓN

 
 
Sin maíz no hay país
Rodolfo Stavenhagen
 

 
Hace unos días celebrose el Día Nacional del Maíz, como parte de la campaña mesoamericana "Vamos al Grano", para defender el cultivo y el consumo del maíz mesoamericano como alimento popular y como parte esencial de la cultura nacional, especialmente la cultura campesina e indígena. Las múltiples variedades de maíz que se conocen derivan de una planta original, el teocintle, domesticada probablemente hace unos ocho mil años en la cuenca del río Balsas.

El complejo alimenticio del maíz ha sido la base de la alimentación del pueblo mexicano desde hace miles de años. No se trata solamente de la planta en sí, sino de un conjunto de elementos biológicos y culturales entrelazados que conforman la base misma de la civilización mesoamericana. Un investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) nos dice: "El maíz es el cereal de los pueblos y culturas del continente americano. Las más antiguas civilizaciones de América -desde los olmecas y teotihuacanos en Mesoamérica, hasta los incas y quechuas en la región andina de Sudamérica- estuvieron acompañadas en su desarrollo de esta planta".

Hoy, esta magnífica planta -sagrada para los mayas y otros pueblos- se halla en peligro de extinción en su estado natural, amenazada por el maíz genéticamente modificado por una poderosa empresa transnacional, en el marco de la entrega de nuestro país a las compulsiones de la globalización. De allí la importancia de la Campaña "Sin maíz no hay país," lanzada en 2007 por un grupo de organizaciones de la sociedad civil preocupadas por el porvenir de México.

Por ello, los organizadores de la campaña anunciaron la formación de "una red amplia y firme que permita sumar esfuerzos por todo el país y sostener una verdadera alternativa frente a la profunda crisis que vivimos. La mejor manera de festejar al maíz es que a partir de este momento declaremos la moratoria a la siembra de maíz transgénico en México y exijamos que no se permita que nuestro grano básico sea privatizado por empresas transnacionales".

Las organizaciones participantes en la celebración del Día Nacional del Maíz definieron las tareas urgentes a seguir:

1. Consolidar un modelo alternativo que vele por la soberanía alimentaria, que cuente con políticas públicas de desarrollo rural sustentable para todos los campesinos del país.

2. Rechazar la liberación de maíz transgénico, que pone en riesgo las 59 razas y por lo menos 200 variedades de maíz nativo existentes en México. No es posible que se permitan más casos de contaminación como los ya registrados en Tamaulipas, Sinaloa, Puebla, Chihuahua y las delegaciones Magdalena Contreras y Milpa Alta, en el del Distrito Federal.

3. Prohibir el uso de alimentos y tierras agrícolas para producir agrocombustibles.

4. Elevar a rango constitucional el Derecho a la Alimentación para garantizar el abasto de alimentos de buena calidad en todo el país, rechazando los monopolios alimentarios y la publicidad engañosa en alimentos y bebidas.

5. Impulsar la agricultura campesina sustentable y las técnicas de producción agroecológicas, reconociendo las aportaciones económicas, sociales, ambientales y culturales de nuestros pueblos indígenas y campesinos.

El país enfrenta una emergencia alimentaria de enormes proporciones: 20 millones de mexicanos padecen pobreza alimentaria. Una cuarta parte de los niños mexicanos sufren desnutrición. "Es indispensable regresar a los hombres y mujeres del campo las posibilidades de producir alimentos y generar riqueza para todos los mexicanos. En los campesinos está nuestra fuerza para superar la actual crisis", dijo Emilio García, de la Unión de Pueblos de Morelos a nombre de la campaña. La producción de alimentos en México se ha concentrado en una minoría que recibe cuantiosos beneficios y la mayor parte de los subsidios del gobierno: 20% de los grandes productores de maíz concentran 80% de los subsidios que otorga el programa Procampo.

Los riesgos de la dispersión del maíz transgénico en México han sido ampliamente documentados, ya que pone en peligro la supervivencia de la agricultura de subsistencia basada en el maíz criollo. Mientras las grandes empresas agroindustriales han recibido toda clase de subsidios oficiales y controlan cada vez más los mercados de semillas y agroquímicos para generarse enormes beneficios, la economía campesina ha carecido de apoyos serios desde hace muchas décadas. Un editorial de la revista Ciencias de la UNAM dice: "La transgénesis es una técnica con numerosas aplicaciones en ámbitos muy disímbolos, pero los maíces transgénicos que de ella resultan son totalmente nocivos en el caso de México, debido a los riesgos que conllevan por ser éste nuestro alimento principal, el sustento cotidiano de millones de personas".

La economía campesina del maíz en México se basa en la milpa, un campo sembrado de maíz y otras plantas que interactúan en un estrecho ecosistema que en su conjunto produce recursos para una alimentación balanceada. La milpa, en sus variedades regionales, es el producto de miles de años de experimentación humana. La poliagricultura de la milpa ha mantenido durante siglos a los indígenas mexicanos; hoy está en vías de desaparición ante el énfasis que se da al monocultivo industrial y comercial, con uso intensivo de agroquímicos, ahora conocidos mundialmente como los agrotóxicos. Este fue el caso del maíz híbrido, que aumentó considerablemente la productividad por hectárea pero tuvo escasos beneficios sociales para la población. Su progenitor, el científico norteamericano Norman Borlaugh, quien trabajó muchos años en México, falleció hace pocos días. La agricultura moderna genera beneficios monetarios para algunos, pero ha tenido efectos desastrosos sobre el medio ambiente y las condiciones de vida (salud y nutrición) de los trabajadores jornaleros y sus familias. El costo social amplio para la sociedad ha sido muy alto, aunque su productividad en sentido restringido sea elevada. La milpa también ha sufrido el abandono y la falta de interés de las autoridades encargadas de promover y proteger las condiciones de vida de la población campesina.

La defensa de la soberanía alimentaria a través de la protección del maíz debe incluir también la promoción de la alimentación basada en este grano y el rescate de la milpa como un sistema cultural integral del pueblo mexicano. Hace pocos días la UNESCO rechazó la petición mexicana de que la gastronomía nacional fuese declarada un patrimonio intangible de la humanidad; tal vez la propuesta carecía del rigor necesario para ser considerada por el jurado internacional que toma las decisiones en la materia, pero con o sin distinción de la UNESCO, la milpa ciertamente representa una unidad cultural singular, propia de la identidad cultural mexicana, que además puede volver a ser un elemento esencial para garantizar la soberanía alimentaria y un nivel de vida mínimo y digno para millones de campesinos pobres que hoy carecen de él.

Referencias:
Ciencias, revista de difusión de la Facultad de Ciencias de la UNAM, núm. 92-93, octubre 2008-marzo 2009, "Maíz transgénico en México, riesgos e incertidumbres", www.ejournal.unam.mx
José Antonio Serratos Hernández, El orígen y la diversidad del maíz en el continente americano, México, Greenpeace, 2009, www.greenpeace.org.mx, www.sinmaiznohaypais.org

 
 
 
 
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