Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 14 de agosto de 2009/ Número 7
OPINIÓN
DETALLES
José del Val
¿Indigenismo indígena?
Resulta sin duda sintomático el que las numerosas
y constantes críticas que acompañan la ofensiva
nacional e internacional contra las profundas transformaciones
que en todos los órdenes de la estructura social se desarrollan
en la nación boliviana, a partir del triunfo presidencial
de Evo Morales, adjetiven despectivamente las decisiones y acciones
puestas en práctica por el presidente boliviano como el
"indigenismo de Evo", es decir, lo acusan de ¡indigenista!
Este hecho resulta un desatino ignorante, por más generalizado
que sea; a nadie escapa el que los indígenas no hacen
indigenismo, sino todo lo contrario, el desarrollo y la lucha
de los pueblos indígenas de los últimos treinta
años surge y se desenvuelve, por principio, en el combate
franco a todos los indigenismos o estrategias indigenistas, tradicionalmente
los instrumentos que los estados utilizaban y todavía
utilizan para imponer sus intenciones explícitas de incorporación
e integración de los pueblos indios a las sociedades,
a partir de negar su especificidad y derechos específicos,
e impulsando su desaparición como pueblos, diluyéndolos
en la supuesta y -para muchos benéfica y deseable- homogeneidad
nacional.
Es por demás obvio que la constitución de estados
plurinacionales y el reordenamiento autónomo de la administración
territorial, la destrucción de la territorialidad monopolizada
y el reparto masivo de tierras, aunado a la nacionalización
de los recursos naturales, no tiene nada que ver con algo que
se denomine "indigenismo".
Sin duda alguna, en Bolivia los pueblos indios están revolucionando
la nación y el núcleo de las transformaciones reside
en la restitución de las tierras, en la reconstrucción
de la territorialidad por la vía de las autonomías
y el consecuente empoderamiento económico social y político
que deriva de ello.Es muy importante señalar que el vector
territorial es el eje eficiente y efectivo para las transformaciones
nacionales, es el motor central en y para la reconstrucción
de los pueblos.
Esta estrategia "indigenista" que parece haber quedado
sepultada bajo el enorme corpus jurídico construido los
últimos años en la esfera internacional, me refiero
expresamente al Convenio 169 de la OIT y a la propia declaración
de los derechos de los pueblos indígenas del la ONU, se
mantiene presente aunque oculta, en el corazón de tales
instrumentos de derechos humanos, ya que con ellos poco han podido
y podrán hacer los pueblos indígenas para acabar
con cinco siglos de despojo y subordinación. La mejor
muestra de lo señalado está en el proceso boliviano,
que centra su transformación y sus logros en las determinaciones
estructurales de la organización social y no en el catálogo
infinito de reconocimientos fragmentarios e insuficientes de
los derechos y las culturas de los pueblos.
No nos confundamos, los pueblos indios no hacen indigenismos,
los combaten y los superan.