MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 14 de agosto de 2009/ Número 7

OPINIÓN

 
 
La otra guelaguetza
Othón Cuevas Córdova
 

A través de distintos medios de comunicación se difundió ampliamente el evento que cada año se realiza en la ciudad de Oaxaca y atrae a miles de turistas: la "guelaguetza, espectáculo que reúne a grupos folklóricos del interior del estado que ataviados con sus trajes típicos danzan al son que tocan sus músicos y se dirigen al público en su lengua natal.

Desde 2006, cuando Oaxaca vivió uno de sus más agudos conflictos sociales y la más terrible de las represiones registrada, la guelaguetza no se realizaba con la aparente "normalidad" con la que se llevó a cabo este año. Pero no es el objetivo de esta colaboración hacer eco al discurso oficial que a través de la difusión de este espectáculo pretende decir que "en Oaxaca no pasa nada". Se trata de hacer una reflexión sobre el sentido original de una tradición que aún pervive en Oaxaca con el mismo nombre: guelaguetza.

La palabra guelaguetza proviene del vocablo zapoteco guinda lizaa y quiere decir "entre hermanos", es la ayuda que solidariamente se da entre familias para hacer frente a situaciones de necesidad imperante. Por ejemplo, es común que a una boda acudan centenares de comensales a compartir con los desposados; o a unos funerales, donde se convive por varios días con los deudos y es obligado comer y beber con ellos. En ambos casos, es prácticamente imposible para una sola familia solventar el gasto económico que esto significa y sólo puede hacerlo con el apoyo de las demás, con guelaguetza.

Es un mecanismo de economía solidaria muy antiguo, consiste en préstamos en especie para la familia necesitada y que se recuperarán también en especie, cuando la necesidad sea de quien los otorga. No están regulados por documento alguno, se guardan en la memoria familiar para ser devueltos cuando la familia otorgante lo requiera. Pueden pasar años e incluso heredarse el compromiso de padres a hijos. A veces el préstamo se solicita directamente, "dame guelaguetza para mi gasto", se dice. Otras veces la guelaguetza se recibe sin pedirla y el compromiso queda sellado. También se practica en momentos en que las tareas agrícolas lo requieren o cuando la mano de obra familiar es insuficiente para construir la casa. Gracias a la guelaguetza muchos pueblos marginados de Oaxaca pueden enfrentar la crisis económica cotidiana.

Además de la guelaguetza, tenemos en Oaxaca otras tradiciones de apoyo mutuo como el tequio, consistente en el trabajo voluntario que la comunidad ofrece para un bien público, como la compostura del camino o la construcción de la escuela. Estas tradiciones no son exclusivas del pueblo oaxaqueño, las hay en otras entidades con población indígena.

Ante el fracaso del modelo económico imperante que ha ocasionado la actual crisis económica mundial, bien vale la pena volver la mirada a nuestras culturas originarias y rescatar este tipo de mecanismos de economía solidaria. Es importante reencontrar, a partir de la cosmovisión de nuestros pueblos, el sentido original de la palabra "economía": la vida digna para todos en la casa común (oikos) que es nuestra madre Tierra.

Nadie niega la belleza del espectáculo folklórico llamado guelaguetza, atracción para el turismo nacional e internacional a Oaxaca, industria de la que dependen miles de familias en la entidad. Lo que importa, y mucho, es la utilización de los pueblos indígenas, de su cultura, para mostrar hacia afuera un rostro que no es el verdadero, en un estado en donde la dignidad de estos pueblos se sigue pisoteando y el nivel de vida es igual al de hace cientos de años; en donde sin consulta alguna con los pueblos originarios se instalan proyectos eólicos, mineros o turísticos en territorios por miles de años poseídos por ellos.

Finalmente, es momento de darle a la guelaguetza, me refiero al espectáculo folclórico, una connotación cultural, conviene a todos que la guelaguetza deje de ser un evento político e incluso un rehén, tanto del gobierno como de ciertos grupos de la sociedad. Oportuno sería que además de compartir con el mundo nuestras danzas y nuestra música compartiéramos también la convicción de que otra economía es posible.
 
 
 
 
 
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