Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de junio de 2009/ Número 6
CIUDAD
OPINIÓN
Indígenas urbanos ¿tradición
o modernidad?
Regina Martínez Casas*
En México existe la creencia generalizada de que la
sociedad se divide en dos grandes sectores étnicos: los
indígenas y los mestizos. El primero es minoritario no
sólo en términos numéricos, sino particularmente
por su invisible participación en la dinámica nacional.
Se le asocia con el "resguardo" de nuestro pasado y
tradiciones, con la pobreza; sus miembros viven en regiones del
país que resultan lejanas en términos no sólo
geográficos, sino particularmente culturales. El segundo
sector es "dinámico" y está presente
en la economía, la producción y, a partir de su
presencia en los medios de comunicación, en el imaginario
de todos los mexicanos, es urbano y moderno.
Sin embargo, según datos del INEGI recabados en el XII
Censo Nacional de Población y Vivienda 2000 y el II Conteo
de Población y Vivivienda 2005, la tercera parte de los
hablantes de lenguas indígenas del país radica
en grandes ciudades. En particular son urbanos quienes se encuentran
entre los cinco y los 25 años de edad.
Se puede pensar que parte del origen de la creencia de que los
pueblos indígenas necesariamente viven aislados es responsabilidad
de visiones que son socializadas en la escuela y en los medios
electrónicos: los noticieros muestran pequeñas
comunidades rurales sumidas en la pobreza y en los libros de
texto se habla del mundo indígena como algo propio del
pasado. Además, muchas de las políticas sociales
diseñadas desde el Estado han hecho explícita su
vocación "modernizadora". Esto lleva necesariamente
a concluir que los pueblos indígenas tienen dos salidas:
o se mantienen aislados de la dinámica nacional o se "asimilan"
al mundo moderno y dejan atrás su lengua, su cultura y
su identidad.
Pero ¿qué pasa entonces con los jóvenes
que estudian y trabajan en las ciudades?, ¿rompen con
su cultura?, ¿niegan su identidad? Si dejáramos
de lado la aparente contradicción entre los dos sectores
de la sociedad mexicana que mencioné al inicio, nos daríamos
cuenta de que, más allá de las políticas
públicas, las nuevas generaciones de quienes se asumen
como indígenas viven una identidad en el ámbito
público diferente de la que manejan en espacios privados.
Dado que quienes vivimos en las ciudades creemos imposible pensar
que convivimos en espacios multilingües y pluriculturales,
entonces "invisibilizamos" a quienes estamos acostumbrados
a ver como "diferentes". En términos generales,
si pensamos en indígenas urbanos quizá podríamos
recordar a las y los artesanos que han ganado espacios para la
comercialización de sus artesanías, pero se tiende
a pensar que son pocos y que están sólo de paso.
Regresando a los datos censales, sólo en la Zona Metropolitana
de la Ciudad de México radican un cuarto de millón
de hablantes de lenguas indígenas; contrario a lo que
pensaríamos, sólo unos cuantos se dedican al comercio
en la vía pública. Muchos de ellos trabajan en
todo tipo de industrias y servicios, en la seguridad pública
y privada o son profesionistas en casi todos los sectores productivos.
En el mapa que acompaña este texto se puede observar claramente
que radican en todas las delegaciones políticas del DF
y todos los municipios conurbados del Estado de México.
Este fenómeno se repite en ciudades como Guadalajara,
Puebla, Monterrey y Tijuana.
Desde hace una década he convivido con muchos hablantes
de lenguas indígenas que han nacido o han pasado la mayor
parte de su vida en ciudades y me sorprende su capacidad para
conciliar su organización social, vista desde fuera como
"tradicional", con su participación en la sociedad
urbana. En muchos espacios hacen uso de su lengua y al mismo
tiempo muestran un manejo impecable del español. Se reúnen
en organizaciones políticas, religiosas, deportivas, profesionales
y paisanales. No viven al margen de la sociedad urbana, simplemente
son ignorados por muchos. Se podría pensar que necesitan
"renegar" de su origen en aras de ser modernos, pero
casi nunca es así. Muchos de ellos simplemente evitan
vivir su identidad de manera pública para no ser sujetos
de discriminación.
Tampoco diría que resguardan menos que otros indígenas
su lengua, su cultura y su organización social, incluso
me atrevería a afirmar que el futuro de las lenguas indígenas
está en buena parte en las ciudades, pues desde y hacia
las ciudades las lenguas indígenas son usadas cotidianamente
en teléfonos, internet y mensajes de texto de celulares.
No planteo que hablar una lengua indígena en una ciudad
como el DF sea siempre fácil, he presenciado continuamente
muestras de discriminación lingüística en
las escuelas, los comercios y la vía pública. Pero
en muchos indígenas se reconoce la inquietud por participar
de manera activa y visible en la dinámica urbana y con
ello ejercer plenamente su ciudadanía, es decir ser vistos
como parte integrante del México moderno y no como el
resabio del pasado que se debe documentar.
*Investigadora del Centro
de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología
Social