Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de junio de 2009/ Número 6
OPINIÓN
DETALLES
José del Val
La nueva guerra contra los
pueblos
De manera creciente y preocupante aparecen cada vez más
noticias en la prensa internacional que dan cuenta de un incremento
sistemático en la confrontación entre los pueblos
indígenas del continente y sus gobiernos nacionales.
La mayoría de ellas se refiere a la exigencia de los pueblos
por el respeto irrestricto a sus derechos conquistados y pactados,
tanto en la esfera internacional como en sus respectivos países.
De manera sintomática la inmensa mayoría de los
conflictos se centran en la renovada ofensiva estatal o privada
sobre sus territorios y recursos; en no pocos casos, la fuente
del conflicto radica en modificaciones jurídicas arbitrarias
al conjunto de los derechos de los pueblos establecidos, en una
serie de iniciativas y acciones sospechosamente simultaneas en
los países americanos, llámense Chile, Brasil,
Perú, Colombia, México, etcétera.
Frente a esta ofensiva hemos visto, junto al desarrollo local
de cada conflicto, la postura enérgica y exigente de los
pueblos, como testimonian fehacientemente las conclusiones de
la reciente: IV Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades
Indígenas del Abya Yala.
Los planteamientos de los pueblos no sólo exigen el cumplimento
de sus derechos, sino constituyen un llamado clamoroso al respeto
a la vida, a la sobrevivencia de los pueblos indígenas
del mundo, así como del planeta entero, amenazado como
nunca en la historia por la voracidad de los órdenes económicos,
tanto privados como estatales, sobre los recursos de los territorios
indígenas de los pueblos americanos.
Una de las características de esta ofensiva depredadora
sobre los pueblos es una estrategia policiaca-militar a la que
se suma actualmente una operación jurídica de cercenamiento
brutal de los derechos adquiridos por los pueblos, mediante reformas
constitucionales y reglamentarias que intentan emascular jurídicamente
dichos derechos.
Que nadie dude que nos encontramos en una fase de guerra contra
los pueblos y sus territorios de un nivel de violencia mucho
mayor que el tradicional, que nadie dude tampoco que la respuesta
valiente y decidida de los pueblos en defensa de sus derechos
y territorios se escalará en la medida en que la ofensiva
global de los agentes económicos los está obligando
a sacar los tambores de guerra, guardados en la confianza de
que sus derechos reconocidos los hacía innecesarios. La
ofensiva contemporánea del capital sobre sus territorios
los obliga a desempolvar los aprestos de combate para las batallas
en curso.