MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 12 de junio de 2009/ Número 6

OPINIÓN

 
 
Una visita al Negev
Rodolfo Stavenhagen
 

 
A invitación de Habitat International Coalition (HIC) formé parte de una misión de observación sobre las condiciones de existencia de un grupo de beduinos en el desierto del Negev, en Israel. La visita tuvo lugar durante la segunda semana de marzo de 2009. HIC es una agrupación mundial de numerosas asociaciones civiles dedicadas a la promoción y protección del derecho a la vivienda, uno de los derechos humanos consagrados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.
La visita, compuesta por cuatro expertos a título individual del Reino Unido, India, Sudáfrica y México, fue organizada por el Consejo Regional de Aldeas no Reconocidas (RCUV por sus siglas en inglés), una asociación de defensa de los derechos humanos de los beduinos del Negev. El Consejo deseaba obtener una evaluación externa de su situación, especialmente a la luz de la publicación reciente del Informe Goldberg, un estudio realizado por una comisión encabezada por un antiguo juez de la suprema corte de Israel, nombrada por el gobierno para investigar la situación de los beduinos "no reconocidos", el pueblo indígena de Israel.

Breve historia
Los beduinos han sido durante incontables generaciones un pueblo seminómada que recorría libremente las zonas áridas y semiáridas ahora incorporadas a los estados de Israel, Jordania, Egipto, Siria y Saudí Arabia, región en la que se dedicaban al pastoreo de camellos y ganado menor y, cuando las lluvias lo permitían, a la pequeña agricultura comercial y de subsistencia, así como al comercio y al transporte mediante las muy renombradas caravanas de camellos. La población estaba dividida en tribus y clanes patriarcales, cuyos jefes tradicionales negociaban entre sí los posibles conflictos que pudieran surgir en torno a la ocupación, el uso y la distribución de la tierra y de los rebaños.

Hasta la Primera Guerra Mundial esta vasta región con poca densidad de población y prácticamente sin centros urbanos ni obra alguna de infraestructura, era gobernada desde lejos por el Imperio Otomano, que no le prestaba demasiada atención. Al término de esta guerra el territorio de los beduinos fue incorporado a la Corona Británica y en 1948 anexado a Israel.

El Negev fue pronto considerado como un área de frontera en reserva para la expansión nacional del nuevo Estado. La capital regional, Bersheba, que durante mucho tiempo no fue sino un pequeño poblado polvoriento y somnoliento, es ahora anunciada como la futura gran metrópoli regional para una creciente población de inmigrantes y colonos judíos.
 
La población beduina fue concentrada en una zona conocida como "siyag" (zona bardeada) de unos 1,100 kilómetros cuadrados y colocada bajo una administración militar que fue cancelada apenas en 1966. Aunque se les había asegurado que su traslado sería solamente temporal, no se les permitió a las once tribus beduinas, que antes habían pastoreado libremente en la región, volver a sus tierras y hasta hoy se les conoce como población "evacuada internamente", que carece de un territorio tribal específico y que ha perdido sus tierras tradicionales. En 1954 los beduinos recibieron la ciudadanía israelí y su número aumentó rápidamente; ahora alcanzan un total de 172 mil personas. La Ley de Asentamientos de 1971 exige el registro de todas las tierras en el norte del Negev a nombre de sus legítimos dueños. Como ha sido prácticamente imposible a la mayoría de los beduinos demostrar con documentos su propiedad legal, la gran mayoría de las solicitudes presentadas a registro no se ha resuelto. Por ello, la Comisión Goldberg admite que existe poca posibilidad de que sean reconocidos sus derechos territoriales históricos bajo la legislación vigente.

Este conjunto de políticas ha producido una división entre el pueblo beduino. Por una parte, ahora existen los que fueron concentrados en alguno de los siete poblados construidos por la administración israelí entre 1969 y 1999, (quienes han prácticamente perdido su vinculación con las tierras ancestrales y con su modo de vida tradicional), por la otra están los beduinos que se resisten a ser relocalizados y viven en pequeños núcleos no reconocidos legalmente, dispersos al interior de las fronteras de la zona "siyag". Estos son ahora tildados de "ilegales" en sus propias tierras y cualquier construcción que levanten es calificada de "ilegal", sujeta a demoliciones arbitrarias ordenadas por las autoridades.

La misión de observación
Los beduinos "no reconocidos" están agrupados en el RCUV y fueron nuestros anfitriones. Viven en diversos asentamientos espontáneos que carecen de infraestructura y de servicios urbanos y sociales. Sus niveles de vida se encuentran, según cifras consultadas y testimonios recabados, muy por debajo del promedio nacional y regional. Tuvimos oportunidad de entrevistarnos con los habitantes de estos caseríos, así como con autoridades locales y académicas de la Universidad de Bersheba, quienes acompañan a los beduinos "no reconocidos" en su lucha por la dignidad y por sus derechos. También visitamos diversos asentamientos in situ y pudimos observar los estragos de la política de demoliciones.
 
Debido a sus crecientes necesidades, los beduinos se ven obligados a seguir levantando sus "construcciones ilegales," cuyo número, según cifras oficiales, ha alcanzado alrededor de 50 mil. La Comisión Goldberg reconoce que la actual política no ha dado resultado ni en los pueblos "legales", cuyas condiciones de vida son deplorables, ni en las "aldeas no reconocidas", en donde los habitantes viven en la permanente inseguridad y vulnerabilidad de ser desplazados forzosamente y de ver sus casas y construcciones demolidas arbitrariamente. Los beduinos han sido descritos como "ciudadanos invisibles" de Israel, sin estatus ni derechos reconocidos. El Estado, en vez de proporcionar servicios y trabajar intensamente con la población beduina para poner en práctica planes adecuados de desarrollo regional que les puedan beneficiar, parece preferir una política de "desbeduinización" arbitraria que los criminaliza en su propia tierra y que ha conducido a la persistente violación de sus derechos humanos.

La Comisión Goldberg, que deberá ser escuchada por el recién instalado gobierno de Israel, propone una nueva política que incluya el reconocimiento de las aldeas no reconocidas, una solución justa al problema de la tierra, la incorporación de la población beduina "invisible" en los planes de desarrollo regional con la plena participación de los interesados, la extensión de beneficios y servicios a toda la población beduina en pie de igualdad con el resto de los ciudadanos, y el respeto a la cultura y la identidad de los beduinos en la región del Negev.

Nuestros anfitriones del RCUV, sin embargo, son escépticos porque ha habido ya varias comisiones de investigación anteriores cuyas recomendaciones nunca fueron tomadas en cuenta por las autoridades. Además, afirman, mientras se subordinen sus derechos a los planes de desarrollo y asentamiento regional ya existentes (como propone la Comisión Goldberg), planes que nunca incluyeron sus derechos y aspiraciones, no cambiará substantivamente la situación que actualmente sufren. En primerísimo lugar, insisten, es preciso poner un alto a la política de demoliciones de sus viviendas y construcciones (recabamos algunos testimonios de quienes dicen haber sido víctimas múltiples veces de los bulldozers enviados por las autoridades municipales), así como a la "criminalización" de su sola existencia como ciudadanos "ilegales" en sus propias tierras. Exigen y esperan que los recursos del Estado sean aplicados de manera equitativa a todos sus ciudadanos, independientemente de su etnicidad.

La situación de los beduinos se asemeja mucho a la que viven todos los pueblos indígenas que he podido visitar en muchos países del mundo, durante siete años como relator especial para los derechos de los pueblos indígenas de la ONU. Si bien los beduinos se identifican culturalmente con el resto de la población palestina y árabe, su posición como indígenas en Israel los coloca en una situación única. La atención de la opinión pública mundial se ha centrado en el conflicto israelo-palestino y la reciente tragedia de Gaza, con toda la razón; pero tal vez por ello mismo los derechos violados de los indígenas beduinos de Israel no han recibido la atención que merecen. Ante otros problemas tal vez más urgentes, sus circunstancias son simplemente ignoradas por la opinión pública y por los gobiernos. La misión observadora entregará oportunamente su informe a las autoridades israelíes. Sirva este breve reportaje para equilibrar un poco la balanza.
 
Asentamiento ilegal beduino (Foto: cortesía R. Stavenhagen)
 
 
 
 
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