MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 20 de marzo de 2009/ Número 5

OPINIÓN

 
 
EDITORIAL

En las últimas semanas llegaron a la redacción de MUNDO INDÍGENA algunos datos dignos de compartir con los lectores: el presupuesto del zoológico de Morelia es casi el doble que el de la Secretaría de Asuntos Indígenas del estado de Michoacán; en una comunidad maya el maestro bilingüe es tepehuano, en otra zapoteca es mixteco; un anciano mazahua de 82 años, fue condenado a más de 30 de prisión por violación; tres mujeres otomíes fueron sentenciadas por secuestrar a seis agentes armados de la AFI. Además de lo absurdo que resulta cada uno de ellos, son un reflejo de la situación en la que se encuentran los pueblos indígenas de México: sin recursos suficientes, víctimas de la ineficiencia del gobierno y de los sistemas de justicia de nuestro país.

Ya nadie se acuerda de Teresa Bautista y Felícitas Martínez Sánchez, las jóvenes triquis de radio Copala "La voz que rompe el silencio" asesinadas hace casi un año, crímenes que siguen impunes; y está a punto de caer en el olvido el asesinato de Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, defensores de los derechos humanos e indígenas en Ayutla, Guerrero. Sin embargo, la justicia "pronta y expedita", demoró sólo unos cuantos meses en detener a Jacinta Francisco Marcial, mujer de 42 años y madre de seis hijos, para acusarla junto con otras dos mujeres, de secuestrar a seis indefensos agentes policiacos. Más de dos años después la declararon culpable, está por resolverse la apelación a la sentencia, que suponemos será absolutoria, pero por lo pronto ya pasó 32 meses en la cárcel.

Entre la impunidad y la injusticia en que se vive en este país y otros del continente, las mujeres indígenas se han convertido en protagonistas del movimiento indígena latinoamericano. Cada vez más son las que ocupan cargos tanto en sus organizaciones como en espacios públicos, cada vez más las que participan en reuniones nacionales e internacionales donde se discute la situación de los pueblos indígenas, posicionan sus voces en encuentros feministas latinoamericanos, en foros sobre ecología, sobre salud y muchos otros temas. Pero, sobre todo, cada vez son más las que desde cualquier espacio, desde su casa, su comunidad, su lugar de trabajo, luchan por una vida digna, libre de discriminación racial y de género y por un mejor futuro para sus hijas e hijos. A ellas dedicamos, en el mes de las mujeres, este número de MUNDO INDÍGENA.

 
 
 
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