Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de diciembre de 2008/ Número 4
OPINIÓN
DETALLES
José del Val*
¿Cientos de etnias?
Estas son palabras que el Presidente Calderón utilizó
para referirse a los pueblos indígenas de México
en una de las habituales ocurrencias que, al margen de los discursos
preparados por sus asesores, improvisan alegremente los ejecutivos
de los regímenes panistas, en sus visitas al extranjero.
En esta ocasión fue en Chile en la inauguración
de la exposición "Diego y Frida vidas compartidas",
en la cual frente a la crema y nata de la intelectualidad y oficialidad
chilena, el presidente Calderón consideró pertinente
salirse del discurso preparado, lanzándose por la libre
a explicarle muy campechanamente al conocedor auditorio, el contexto
mexicano revolucionario de la época y el lugar de Frida
y Diego en esos años. Ya encarrerado le entró hasta
a la vestimenta indígena de Frida Kalo, develándoles
a quienes lo escuchaban, que esto era muy natural, ya que en
México había "cientos de etnias".
Como es habitual, el asunto paso sin más, la prensa no
reparó en ello y en el marco de los problemas contemporáneos,
no resulta más que otro episodio intrascendente, si se
quiere, de la audacia y prepotencia con que los recientes presidentes
mexicanos, se dan el lujo de exhibir su ignorancia e impreparación,
sin siquiera percatarse de ello.
¿Cómo es posible que el presidente de México
se permita, en un acto público en un país extranjero,
referirse a los pueblos indígenas de México, como
"centenares de etnias", con lo cual no sólo
exhibe su ignorancia con tal denominación, sino que, así
de manera frívola y ligera, desconoce el derecho fundamental
que conquistaron recientemente los pueblos indios de México,
de ser reconocidos y denominados como pueblos en la Constitución
Nacional, y del cual derivan el resto de sus derechos, a la autodeterminación,
la autonomía, a la posesión de sus territorios,
etcétera?
¿Qué significa que nuestro presidente se exprese
así, de manera torpe y frívola, a la luz de nuestra
realidad, por ejemplo, en referencia al estado de guerra latente,
que mantiene el estado contra el EZLN y que exige una solución
impostergable?
Y no sólo para nuestra realidad, sino que realiza su gracejada
en un país extranjero en el que las contradicciones entre
los pueblos indígenas y su estado están en una
situación crítica y muy conflictiva, con lo cual
su ligereza configura una desconsiderada intromisión involuntaria
en asuntos delicados de otra nación.
Pero igualmente curioso es que, además de denominarlos
etnias, habló de cientos: "cientos de etnias".
En este caso me temo que su fuente es seria y reciente, ya que
el orden de diversidad de los indígenas, establecido tradicional
y científicamente para las lenguas, ha sido no mayor de
seis decenas. Sin embargo, muy recientemente el INALI irrumpió
en el seno de la sociedad mexicana, con bombo y platillo, estableciendo
que la cifra de lenguas indígenas es de 364.
Los medios hicieron eco de tan extraordinaria ampliación
de las reservas lingüísticas nacionales, resultado
de profundas indagaciones; seguramente esta fue la fuente de
la que el presidente saco lo de "cientos". A este asunto
nos referiremos en detalle la próxima entrega.