MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 12 de diciembre de 2008/ Número 4

OPINIÓN

 
 
La reforma migratoria: del fracaso a la esperanza
Jesús Martínez*
 

El triunfo electoral de Barack Obama ha sido caracterizado como un suceso histórico por varias razones. Una de ellas es el retorno al poder del partido demócrata después de ocho años de dominio republicano. Otra es la inusitada victoria de un candidato afroamericano, algo que la inmensa mayoría de los estadounidenses no contemplaban para el futuro inmediato, mucho menos para el presente. Una tercera razón es la forma en que Obama ganó: desarrollando una estrategia innovadora, movilizando millones de simpatizantes, recaudando cantidades estratosféricas de fondos y aprovechando al máximo las tecnologías existentes para fines electorales. Asimismo, después del triunfo del pasado 4 de noviembre, es evidente que existe un ambiente más esperanzador para las minorías raciales del país, quienes apenas hasta 1965 pudieron ser realmente integradas a los procesos electorales, gracias a reformas como la Ley de Derechos Electorales (Voting Rights Act).
 
Los migrantes mexicanos están entre los grupos minoritarios que tienen nuevas esperanzas de que con la llegada de Obama a la Casa Blanca se puedan lograr avances en temas fundamentales pero descuidados, como es el caso de una posible reforma migratoria. En torno a la migración, no han ocurrido avances sustantivos desde la aprobación de la Ley de Reforma y Control de la Migración (IRCA) en 1986 y, lejos de mejorar el panorama, lo que ocurrió en años posteriores fue una oleada de iniciativas y leyes antiinmigrantes que, de manera individual y conjunta, han creado un ambiente hostil y de gran inseguridad para los nuevos inmigrantes que se incorporan a la economía estadounidense, la mayoría de ellos de manera indocumentada, debido a la falta de visas que correspondan a la demanda real por trabajadores mexicanos y al interés de éstos por trabajar al norte del Río Bravo. Los esfuerzos de los últimos años, incluyendo la versión más ambiciosa propuesta por los senadores Edward Kennedy y John McCain, fueron derrotadas gracias a la radicalización de los legisladores republicanos.
 
La mayoría de los migrantes mexicanos contemporáneos llegan a Estados Unidos en este contexto de criminalización de la migración y de la subordinación del tema al discurso de seguridad nacional. Entre estos nuevos migrantes, muchos de ellos jóvenes, se encuentran los originarios de comunidades y regiones indígenas mexicanas, quienes en Estados Unidos se han convertido en la principal mano de obra de la agricultura y en elementos indispensables para sectores como los servicios y la construcción, entre otros. En la agricultura, por ser el caso más extremo, se considera que alrededor del 70% de los trabajadores son indocumentados. Además, es un sector donde prolifera la participación laboral juvenil. De acuerdo con un estudio de la Casa Blanca publicado en el 2003 (White House Task Force for Disadvantaged Youth Final Report), había por lo menos 126,000 jóvenes entre los 14 y 17 años de edad trabajando en los campos estadounidenses, 7% de la mano de obra agrícola, la mayoría de ellos viviendo y trabajando en condiciones inaceptables.
 
Para estos nuevos inmigrantes la marginación no solo se entiende en cuanto a su condición de indocumentados, sino que se extiende a incluir las pocas o nulas posibilidades que tienen para mejorar la calidad de su vida en los Estados Unidos, a tener acceso a programas educativos y vocacionales, a protegerse y defenderse de posibles abusos laborales, a aprovechar el acceso a servicios de salud y a poder rescatar tradiciones culturales y fortalecer instituciones como la familia y la comunidad, entre otras cosas.
 
Una reforma migratoria es posible, pero por el momento no hay certeza sobre la clase de reforma que puede haber ni cuando pueda ocurrir. No hay que engañarnos. El camino a una posible reforma será extremadamente difícil y, para muchos analistas, resulta más factible que los cambios que se logren durante los próximos cuatro años sean graduales y limitados a reformas parciales. Las prioridades actuales de las autoridades federales, incluyendo el presidente electo, son la grave recesión económica y la seguridad nacional. Quienes argumentan esta posición consideran que cualquier cambio posible sobre migración ocurrirá dentro de ese marco de prioridades y necesidades.
 
Otra posición entre los grupos promigrantes considera que aun ante la actual situación económica lo aconsejable es impulsar enérgicamente una reforma migratoria integral, que integre alguna forma de amnistía para los indocumentados ya en Estados Unidos, un mayor número de visas para los futuros migrantes que exigirá la economía del país y acceso a servicios públicos como la educación para jóvenes migrantes. Para los activistas que defienden esta postura, el arribo de Obama a la Casa Blanca representa una nueva etapa en el proceso de empoderamiento de las comunidades migrantes. Para ellos, después de marchar por una reforma migratoria y de votar por Obama, ahora es necesario continuar con movilizaciones y cabildeos, por una parte, y fortalecer el potencial electoral para elecciones venideras.
 
Sobre estos posibles escenarios vale la pena preguntar: ¿Qué hacen las autoridades mexicanas ante el fenómeno migratorio y la crisis económica que se intensifica? ¿Qué hacen tanto el Ejecutivo Federal como los gobernadores de estados expulsores? ¿Qué hacen los legisladores federales y estatales? ¿Sigue reinando la indiferencia?

*Migrante michoacano, analista político, exdiputado en el Congreso del Estado de Michoacán.
 
 
 
 
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