MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 10 de octubre de 2008/ Número 3

CIUDAD

 
Mujeres que apoyan a mujeres
 
Desde atención legal hasta ubicación de biblias en náhuatl. La Red de Mujeres Indígenas ha construido en un año un grupo de apoyo para mujeres mazahuas, otomíes, zapotecas, mixtecas, que viven en la ciudad
 
Cartel de la red de mujeres

 Amalia, mujer otomí que no sabe leer ni escribir, vive en la zozobra. Hace tres semanas que su hijo mayor, el de 18 años, se encuentra preso en el reclusorio oriente, ya sentenciado por un presunto asalto a un microbús. Los hechos para ella son nebulosos, porque no entiende qué pasó.

El jueves 18 de septiembre, alrededor de las 8 de la noche, su hijo de 18 y el hermano de 17 años salieron de su casa ubicada en Xalostoc, después de una jornada de venta de muñecos de peluche en la delegación Gustavo A. Madero y de un posterior partido de fútbol con sus amigos.

Bañados y perfumados, salieron rumbo a la casa de la novia del hijo mayor, misma que vive en el Distrito Federal. La novia no se encontraba y decidieron regresar. Unas cuadras antes de llegar a su domicilio dos patrulleros los detienen y los acusan de haber asaltado un microbús.

 
Los jóvenes son conducidos a una agencia del Ministerio Público sin que doña Amalia supiera por qué sus hijos no llegaron esa noche a dormir. Al día siguiente no faltó un vecino que le informara que se los habían llevado, pero sin saber a dónde.

Sin hablar bien el español, la indígena otomí fue del tutelar de menores a los reclusorios oriente y norte sin que nadie le informara sobre el paradero de sus hijos. Finalmente, el sábado doña Amalia contacta a la Red Social de Mujeres Indígenas gracias a la dueña de la casa donde trabaja y que sabía de la existencia de la organización. Con la asesoría de la Red y la ayuda de su hijo menor, el que va en secundaria, doña Amalia recupera al hijo de 17 "por falta de pruebas", pero no al de 18.

"Todo ha sido una violación sistemática de derechos y tuvimos que mover cielo, mar y tierra con la gente que conocíamos para encontrar a los muchachos", expone Guadalupe Martínez, presidenta de la Red. "Ningún funcionario tuvo la sensibilidad de atender a la señora. Sus hijos no tuvieron derecho a un traductor. Nosotros el sábado mismo empezamos a buscar quién nos podía ayudar y el domingo se comprueba que los jóvenes no cometieron ningún acto delictivo y dejan salir al de 17 años. Pero no es lo mismo con el de 18 que ya está en el reclusorio".

Puede ser que el joven salga bajo fianza, pero está difícil porque le "sembraron" un cuchillo con el que supuestamente amenazaron a los pasajeros del microbús.

El caso de Amalia es muy parecido a otros que ha atendido la red, a 12 meses de su creación. "Hay otros casos de asesinato que son bastante difíciles de creer, donde los inculpados estaban en otro lugar en el momento en que ocurrieron los hechos, donde no coincide. Pero mientras no se puede hacer nada. Son casos complicados porque se han consignado y las pruebas están atoradas y no podemos ni verlas. Son procesos donde ya se dio una sentencia incluso".

Pero no van a desistir. La Organización No Gubernamental Asistencia Legal, que apoya jurídicamente a la Red y tiene presupuesto para fianzas, ya tomó el caso de doña Amalia y sus hijos con un defensor de oficio.

Para suerte de la Red y sus integrantes, Asistencia Legal no es el único organismo que los apoya. También cuentan con la asesoría de dos abogados fijos y la colaboración del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), del sistema penitenciario, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de la Agencia del Ministerio Público Especializada en Pueblos Indígenas.

"Ahora, quien ha cometido un delito lo debe pagar, eso es claro, pero toda esta red de diferentes instituciones tanto federales, locales y ONG son las que nos han respaldados, no estamos solos", resalta Guadalupe.
 
Red solidaria
Como doña Amalia, decenas de mujeres son ayudadas diariamente por la Red, que forma parte de la estructura de la Secretaría de Desarrollo Social. Surgida de una necesidad de procuración de justicia, este organismo aglutina a 30 mujeres indígenas que se reúnen cada mes para revisar los casos que van llegando y su posible solución.

Hoy aportan no sólo asesoría legal, sino también apoyan el desarrollo de proyectos productivos como el de las mujeres que hacen artesanías e incluso ubican dónde comprar una Biblia en náhuatl o cualquier otro idioma.

"Tenemos un directorio de todas las integrantes de la red por si te interesa un día tener una comida, te podemos decir qué señora te puede ayudar. O si se te antoja una blusa bordada de cualquier estado. O que si alguien se va a casar y necesitas ramos de flores. O mujeres que han defendido sus tierras nos platican su historia y así vemos cómo le pueden hacer otras. El punto es ayudarnos unas a otras, para hacernos visibles y defender nuestros derechos".

Además del apoyo solidario, la Red ha emprendido una campaña para "alzar la voz y romper el silencio" que incluyó en agosto una muestra de cine con videoastas indígenas y que el 10, 11 y 12 de octubre continuará con un encuentro de mujeres indígenas en San Pablo Oztotepec, en el cuartel donde Emiliano Zapata ratificó el Plan de Ayala, con el objetivo de reflexionar sobre la situación de las mujeres indígenas que viven en la Ciudad de México.

"La idea es seguir construyendo, capacitarnos, fortalecernos, tener un encuentro con otras mujeres que también están organizadas, que son gestoras, que han cumplido una mayordomía, que han cumplido un cargo comunitario, que han sido consejeras y que son mujeres que están apoyando a otras mujeres. Porque es importante que tengas herramientas para fortalecerte y hacer tu trabajo mejor", concluye Guadalupe.
 
Claudia Ramos
 

 

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