MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 10 de octubre de 2008/ Número 3

CULTURA

 
Edmundo Aquino, artista plástico comprometido con su pueblo
 
Ganador de premios internacionales, comparte con MUNDO INDÍGENA un poco de su historia

 
Extraño olvido, 1973, acrílico sobre tela
 De origen zapoteca, nacido en 1939 en Zimatlán-Huyelachi, un pueblo del Valle de Oaxaca, el artista plástico Edmundo Aquino ha traspasado las fronteras con su obra, exhibida en Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglaterra, Japón y Noruega, entre otros países. No por ello se ha olvidado de su comunidad, si bien vive en el DF, mantiene una estrecha relación con su pueblo y dedica parte de su tiempo a promover y gestionar obras en beneficio del mismo.

En entrevista con MUNDO INDÍGENA, nos relata un poco de su vida, sus experiencias y la labor que ha desarrollado en Zimatlán.
"Nací en un pueblo del Valle de Oaxaca, aproximadamente a 30 minutos de la ciudad, hacia el sur. En esos años mi pueblo tenía cuatro mil habitantes y ahora lo recuerdo como un paraíso porque estaba uno siempre cerca de la naturaleza. En general ha sido un pueblo agricultor, mi padre tenía sus terrenos para sembrar y todo ese trabajo de preparación para la siembra, después cuidar la milpa y cosechar, era trabajo, pero para mí era una especie de fiesta, ver crecer la milpa y los frutos y le agrega uno toda la fauna, los pájaros… pues era extraordinario.

"En Zimatlán no había artesanías, pero los campesinos esculpían sus utensilios, por ejemplo el yugo, se proveían de un tronco de madera y lo esculpían, porque son esculturas. Las motivaciones artísticas o plásticas estaban ahí de manera inmediata, nosotros como niños hacíamos nuestros propios juguetes y además los días de plaza eran todo un espectáculo visual, donde se veían artesanías de otros pueblos, que eran objetos útiles pero al mismo tiempo bellos y uno aprendía a apreciar esa belleza. Desde ahí se despierta mi vocación como pintor".

Con la inquietud de estudiar, Aquino migra a los nueve años al Distrito Federal, ahí termina la primaria e ingresa a la Academia de San Carlos, donde cursa la carrera de artes plásticas.

"Para estudiar había que venirse a la capital y sufrir las consecuencias de la migración, porque ya no se cuenta con el espacio maravilloso al que está uno acostumbrado y la situación es muy distinta. Hay que trabajar, desde que llega uno, y si quieres estudiar, que era mi objetivo, entonces hay que trabajar y estudiar, trabajar y estudiar". Cuenta que vivió con su hermano en diversos puntos de la capital, en vecindades y departamentitos, donde convivía con vecinos de su edad en un ambiente lleno de colorido y tradiciones, distintas a las de su pueblo, pero que también lo motivaron en su vocación.
 
"Desde que comencé a trabajar quería pintar y dibujar, entonces trabajé en un taller de rótulos, comenzaba uno ahí desde barrer, lavar pinceles… como en los talleres del Renacimiento italiano donde el aprendiz iniciaba haciendo el aseo y de ahí iba viendo y aprendiendo poco a poco. En 1953, a los 13 años entré a San Carlos… duré como 10 años tremendos para terminar la carrera, por las condiciones en que me tuve que desenvolver en el DF, pero lo hice.
 
 
El gorgeo, 1990, dibujo al pastel
 "Fue muy interesante, conocí a personajes como Diego Rivera, todavía asistí a un par de conferencias de él, conocí también a Siqueiros, al Doctor Atl, a Francisco Goitia, a Rufino Tamayo… todos con una mística extraordinaria de hacer cosas por México, y las hicieron".
 
El ejemplo de estos personajes y de sus maestros de San Carlos despertó en Edmundo una conciencia social que lo llevó a hacer cosas por su pueblo. "Las pláticas con los maestros tenían mucho que ver con la problemática social de México, con hacer algo para mejorar las condiciones de vida de la gente, uno como estudiante escuchaba y fuimos haciendo lo que nos correspondía. Nos organizábamos para hacer viajes a provincia y llevábamos exposiciones… en mi caso fui viendo, preocupándome por los problemas y tratando de aportar un granito de arena…, con todo eso se nos desarrolló una conciencia social".
Poco después de salir de San Carlos volvió a Oaxaca, a dirigir la sección de artes plásticas de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Benito Juárez, donde se involucró en actividades culturales en la ciudad. "Nos metimos a organizar cineclubes, teatro, a dar pláticas, hacer exposiciones, a asesorar a artesanos de algunos pueblos…". De allí se fue a París por dos años, becado por el gobierno francés a estudiar en l'Ecole Nationale Superieure des Beaux-Arts; después viajó a Londres, a la Slade School of Fine Arts.

"Cuando regresaba a Zimatlán, encontraba el pueblo ya no con el encanto de la infancia, sino con la sensación de que se había estancado el tiempo, que se había estancado la imaginación… cada vez más deteriorado; y esa vegetación que recordaba de mi infancia desapareciendo lentamente. Y por lo mismo de repente polvoriento, algo así como los cuentos de Rulfo. Entonces comencé a pensar: aquí hay que hacer algo, voy a meterme, a dedicar tiempo y comenzar a platicar con los amigos del pueblo y a motivarlos para hacer algo".

Así, comenzó a desarrollar varios proyectos en beneficio de su comunidad, primero se restauraron las pinturas de la iglesia, que estabansumamente deterioradas, y más adelante se fundó una biblioteca, entre otros proyectos.
Respecto a la biblioteca, Aquino relata que les llevó nueve años hacerla. "Lo más fácil era que Edmundo Aquino llegara y les pusiera la biblioteca y pongan mi placa, pero yo nunca he creído en los protagonismos personalistas porque nulifican la iniciativa de la gente, la inhiben y entonces la gente no florece y no hay interés, no lo sienten suyo…" por eso poco a poco se fue involucrando a la gente.

"Yo puedo hablar de antes y después de la biblioteca, se comienza a despertar la imaginación de la gente en el pueblo, para mí fue muy interesante ver cómo de ese estancamiento la gente comienza a sacudirse la mente y bueno, se inaugura la biblioteca". En ésta se dan cursos y se realizan diversas actividades culturales.

En cuanto a su idioma materno, relata Edmundo que cuando era niño "sí se hablaba el zapoteco en Zimatlán, mis padres lo hablaban pero por el prejuicio que ya había desde entonces por esas políticas equivocadas de nuestros gobiernos, que vienen con una mentalidad colonial, los hijos no teníamos por qué hablar el idioma materno, el zapoteco. Y bueno, pero mucha gente lo hablaba y uno lo escuchaba y se llegaba a entender, pero poco a poco las nuevas generaciones prácticamente lo dejaron de hablar". Años más tarde, después de la inauguración de la biblioteca, se comenzó a rescatar la lengua zapoteca en Zimatlán, así como otras expresiones culturales de la comunidad.
 
 Actualmente Edmundo Aquino vive en Coyoacán, pintando y esculpiendo, plasmando en su obra la influencia de sus orígenes y de todas sus vivencias, comprometido con su pueblo y otros pueblos indígenas y colaborando en diversas actividades culturales. Ha recibido premios nacionales e internacionales y su obra se encuentra en colecciones, entre otras, del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo de Arte Contemporáneo de América Latina de la OEA en Washington, el Museo de Arte Moderno de Bogotá, el Museo de Bellas Artes de Caracas y la Biblioteca Nacional de París, así como, por supuesto, en diversos recintos mexicanos.
Homenaje a Monte Albán, 1984, talla en ónix


Bárbara Bustamante
 
 
 
 

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