Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 10 de octubre de 2008/ Número 3
OPINIÓN
El papel de las mujeres a un año
de la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos
de los pueblos indígenas
Martha Sánchez Néstor*
A un año de la aprobación de la Declaración
de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas,
poco se ha dado a conocer su contenido. Consideramos muy importante
que se difunda y se conozca, que se informe a la sociedad y a
los funcionarios, sobre todo a aquellos encargados de impartir
justicia; de otra forma, nunca va a ser aplicada, respetada ni
reconocida en el haber institucional. También es necesario
que los indígenas, en particular las mujeres, la conozcamos,
para poder ejercer nuestros derechos de manera informada y participar
así en las decisiones de los asuntos que nos atañen
en el país y nuestros pueblos.
Es importante resaltar que en esta Declaración a los pueblos
indígenas se nos reconocen derechos colectivos y éstos
son la base para preservar nuestra cultura, nuestros territorios
y nuestra identidad, para mantener lo que da sustento a este
país, que es la identidad pluricultural; por lo tanto
este documento, conquista de los pueblos indígenas, es
sin duda un avance en los derechos humanos, pues no sólo
contempla derechos individuales.
Sin embargo, hay que tener claro que la Declaración no
es un techo, sino un punto de partida para construir un proceso,
para establecer mecanismos de aplicación en todos los
países, en los que debemos participar las mujeres indígenas.
Es necesario empezar a discutir, como indígenas mexicanas,
lo que a nivel del continente hay como propuesta: instalar por
parte de los pueblos Indígenas, una comisión americana
de seguimiento, monitoreo y evaluación del cumplimiento
de la Declaración, así como de otros instrumentos
internacionales firmados y ratificados por los distintos estados,
en materia de derechos de los pueblos indígenas. Este
monitoreo debería incluir no sólo a los estados
sino también a las organizaciones, instituciones y autoridades
de los pueblos indígenas, a las ONGs que apoyan sus iniciativas
y a la cooperación internacional.
Es importante ubicar que esta Declaración se aprobó
en el marco del Segundo Decenio de los Pueblos Indígenas
del Mundo, declarado por Naciones Unidas 2005-2015, que coinciden
con los Objetivos de Desarrollo del Milenio que concluyen también
en 2015, que son sin duda compromisos de gobierno que incluyen
mejorar la salud materna, erradicar la pobreza extrema, lograr
la igualdad de género y la sostenibilidad del medio ambiente,
entre otros puntos fundamentales que tienen que ver con las mujeres
indígenas, por lo que también debemos estar pendientes
de su cumplimiento.
Debemos luchar para que se legisle acorde a la Declaración,
tanto en los estados como a nivel federal, especialmente porque
sabemos que el artículo segundo constitucional traicionó
los Acuerdos de San Andrés; hay que revisarlo y aprovechar
los beneficios que nos da, pero también exigir que se
retome el marco de la declaración y se legisle sobre derecho
y cultura indígenas.
La Declaración habla de que los pueblos indígenas,
junto con los estados, podamos tomar medidas preventivas de violaciones
a nuestros derechos, por ejemplo prevenir desalojos forzados
o violencia hacia las mujeres; menciona también que en
consulta con los pueblos se elaboren políticas públicas
para garantizar nuestro desarrollo. No habla de que los pueblos
indígenas esperemos a que los estados nos hagan las estrategias,
es por ello que debemos participar.
De particular interés para las mujeres indígenas
es el artículo 22, pues indica que se prestará
atención particular a los derechos y necesidades de las
mujeres, los niños, jóvenes y personas con discapacidad,
y aclara que los estados, junto con los pueblos indígenas,
tomarán medidas para que las mujeres y los niños
tengan garantías contra todas las formas de discriminación
y violencia. También es importante rescatar el artículo
43, que logró plasmar, como una conquista de las mujeres
indígenas al interior de los debates por la Declaración,
que "todos los derechos y libertades reconocidos en la presente
Declaración se garantizan por igual al hombre y a la mujer
indígenas". Desde hace tiempo venimos diciendo en
acciones y discursos que las mujeres indígenas necesitamos
otro lugar en nuestros pueblos, otro tipo de trato, otro tipo
de participación. No por ello nuestra lucha es paralela
a la de los pueblos, vamos en conjunto por nuestros derechos
colectivos pero a la vez buscando eliminar los usos y costumbres
que son indignos para las mujeres.
Por todo lo anterior, tenemos que lograr que las mujeres indígenas
incrementemos nuestro nivel de participación informada,
que sea más incidente, más visible. Ello lo vamos
a lograr organizándonos mejor, con agendas de trabajo
que contengan propuestas específicas, que nos permitan
incidir y dar seguimiento en conjunto a los puntos de la Declaración
y su implementación.
* Integrante de la Coordinadora
Nacional de Mujeres Indígenas y de la Comisión
de Seguimiento de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica
y México.