MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 8 de agosto de 2008/ Número 2

NACIONAL

 
PLUMA INVITADA
 
Las lenguas indígenas, un tesoro intangible
Miguel León-Portilla
 
Hay que poner término a cualquier forma, por solapada que sea, de belicismo lingüístico, es decir de imposiciones o negación de la pluralidad. Las lenguas de las mayorías se han beneficiado gracias al contacto con las de las minorías.
 
A verdad de Perogrullo sonará expresar que toda lengua es un medio de expresión, bien sea hablada, escrita o trasmitida de cualquier otra forma. Pero con el propósito de precisar lo que es una lengua, importa añadir que, si bien hay idiomas relacionados entre sí en diversos grados, toda lengua se desarrolla con atributos fonéticos, léxicos, morfológicos, sintácticos y semánticos que le son propios y característicos. En este sentido cabe sostener que toda lengua, más allá de las transformaciones que experimente con el paso del tiempo, se distingue de cualquier otra y se desarrolla con o sin influencias ajenas.
La variedad de recursos fonéticos
Cada lengua, por sus atributos fonéticos, resuena de modo propio y distinto. Así suele decirse que agrada una lengua determinada porque suena como una plegaria, una exhortación o que quienes la hablan pareciera que cantaran. Y si hay lenguas que a los oídos de quienes las desconocen parecen ásperas, predominantemente guturales o de tonos que no agradan, habrá que reconocer que esto se debe a que no siempre es bien recibido lo que resulta extraño y ajeno. De cualquier modo hay que reconocer que en la enorme variedad de atributos fonéticos, el conjunto de las lenguas revela la maravilla de las posibilidades desarrolladas por el aparato fónico de los humanos para articular sonidos que se transforman en palabras y expresiones portadoras de significación.
 
El léxico
En lo que concierne al léxico, cada palabra en todas las cerca de cinco mil lenguas que hasta hoy se hablan en el mundo, resuena de acuerdo con sus propias y variadas estructuraciones o para decirlo con propiedad, en "forma lógica", que esto es en última instancia lo que implica la morfología.

Hay palabras monosilábicas, como luz y pez en español, o foot y man en inglés. Y también las hay polisilábicas que parecen alarde de ingeniería lingüística porque están compuestas de varias raíces, afijos y desinencias. De esto son ejemplos Vorausetzunglosigkeit, término filosófico que en alemán significa "ausencia total de presuposiciones"; katarjairesiátzo, que vale tanto en griego como "yo venzo a alguien en una elección"; así como teyolmatiliztli, "saber acerca del corazón de alguien", un vocablo del idioma náhuatl.

La gama casi infinita de posibles estructuraciones lingüísticas revela la existencia de formas distintas de enmarcar y percibir la realidad, todo cuanto existe. Y esto es del interés de la neurología, la psicología y también del saber filosófico. En este sentido el léxico de una lengua, además de constituir el inventario de una cultura, es un reflejo del modo como conceptualizan y contemplan todo lo que existe aquellos que la hablan. Y como esto ocurre de maneras muy distintas en las diferentes lenguas respecto de una misma realidad, acercarse al conocimiento del léxico de cualquier idioma es captar la riqueza de las enormes posibilidades que puede desarrollar la conciencia humana para expresar lo que desee en función de su propia visión del mundo. Por esto cuando muere una lengua, la humanidad se empobrece.
 
Los morfosintaxis: estructura de las lenguas
En cuanto a la morfosintaxis, entendida ésta no sólo como conocimiento de las formas según las cuales se estructura una palabra en sí misma, es decir a partir de su estado absoluto, sino también según opera para expresar las diversas funciones de los vocablos al entrar en relación con otros, también hay una enorme gama de posibilidades. En algunas las palabras se modifican para establecer relación con otras por medio de variaciones en sus desinencias al modo de las declinaciones griegas, latinas, alemanas o de las lenguas eslavas. En otras lenguas ello se efectúa por medio de partículas, preposiciones y conjunciones, como ocurre en español, francés y otras. En varios de los idiomas amerindios las modificaciones implican la aglutinación con afijos que pueden ser prefijos, sufijos o infijos. Y hay también lenguas, como el inglés, en las que la relación puede establecerse a través del orden de las palabras. Y no faltan las lenguas en las que un elemento fonético es el que determina la relación, como ocurre en algunos idiomas tonales.
 
 
 La lógica de la expresión, en esto y en todo lo que concierne al lenguaje, muestra que la conciencia humana está dotada de una extraordinaria capacidad de ordenación y transmisión de las ideas. Valorar esto es percatarse de que toda lengua es una riqueza. Precisamente por ello muchos de los tratadistas, desde la antigüedad clásica hasta los tiempos modernos, se han acercado también al lenguaje a la luz de la lógica como rama de la filosofía.
 
Y podríamos también abordar las diferencias según las cuales opera la sintaxis en las distintas lenguas estructurando el discurso de manera lógica, retórica, elegante, sencilla o
refinada. Todo lo que hombres y mujeres han expresado o escrito en sus respectivas lenguas, de acuerdo con los atributos propios de cada una, da lugar al universo de la expresión lógica, literaria, filosófica y científica. Y, cosa también admirable, siendo evidente que cada lengua sigue caminos distintos en su evolución en la expresión de todo esto, es también verdad que, superando dificultades, es posible tender un puente y traducir, interpretar o transvasar de un idioma a otro la esencia de lo que se quiere comunicar.
 
Los recursos semánticos
A otra perspectiva acudiremos, la de la semántica, el saber cuyo objeto es el significado, para atender a las significaciones según se producen en las distintas lenguas. Ello hace posible en muchos casos la integración de extensos o restringidos campos semánticos. En cada lengua se realiza esto valiéndose de una gama muy grande de recursos, siempre en estrecha relación con el contexto social y cultural en el que se producen los enunciados.

Un ejemplo ayudará a apreciar los atributos semánticos de una lengua. En náhuatl el vocablo tollin, que significa carrizo, connota también la idea de que se trata de una planta que se desarrolla donde hay abundancia de agua. Un primer enriquecimiento semántico se produjo cuando se designó a un asentamiento humano, dotado de abundantes recursos hidráulicos, con el nombre de Tollan, es decir añadiendo a la raíz del vocablo original una desinencia locativa. Con el paso del tiempo, la palabra Tollan restringió su campo semántico para designar solamente a los grandes asentamientos humanos, es decir a las ciudades más extensas y prósperas, cabeceras de una amplia organización socio-política. La palabra Tollan adquirió así una significación paralela a la de metrópoli. Con tal denotación se aplicó a metrópolis como las de Teotihuacan, Cholula, Xicocotitlan y México-Tenochtitlan.

Ahora bien, puesto que en dichas metrópolis se desarrollaron diversas actividades con un alto grado de excelencia, el gentilicio derivado de Tollan, o sea el vocablo toltécatl, denotó entonces además la idea de persona sabia y diestra y, de modo particular, un concepto paralelo también al de artista. Así se acuñaron luego vocablos compuestos: ten-toltécatl, "artista del labio", es decir orador, y como ma-toltécatl, "artista de la mano" que, en contexto con otros vocablos, abarcó en sus significados al pintor, escultor y orfebre o, de modo general, a quienes producían con sus manos otras formas de creación artística.

Finalmente, para designar la grandeza de la Tollan que floreció en Xicocotitlan y también en México-Tenochtitlan, se formó el vocablo abstracto y colectivo a la vez Toltecáyotl, que significó el gran conjunto de las creaciones de los toltecas y, a la postre, todo lo más preciado de la cultura en el México prehispánico. De esta suerte el campo semántico de la raíz tol-, propia de tollin, con el sentido original de carrizo, se amplió enormemente en frecuente conjunción con un rico repertorio de tropos o figuras propias de la lengua náhuatl dirigidas a exaltar todo lo referente a las varias Tollan, a los toltecas y a la Toltecáyotl.
 
El futuro de nuestras lenguas
A la luz de todo esto importa deducir una conclusión referida específicamente a las lenguas de las minorías en el gran ámbito iberoamericano. Hay que poner término a cualquier forma, por solapada que sea, de belicismo lingüístico, es decir de imposiciones o negación de la pluralidad. Las lenguas de las mayorías se han beneficiado gracias al contacto con las de las minorías. Ello es patente en el léxico y también en otros elementos que aportan las lenguas vernáculas. Estas confieren, al modo de diferencias específicas, rasgos que identifican las hablas de los distintos pueblos en la gran comunidad cultural iberoamericana.

Por esto las academias de la lengua española, los gobiernos de los distintos países, las instituciones y personas interesadas en asuntos lingüísticos y culturales, deben no sólo respetar el derecho humano a la lengua materna, sino también propiciar su desarrollo y cultivo. No significa esto negar la conveniencia, o mejor la necesidad, de contar con una lengua que haga posible la intercomunicación entre los hablantes de idioma distintos, es decir una lengua franca o general como se decía antiguamente. En cierto modo el ideal sería llegar a desarrollar, hasta donde ello es posible, dos lenguas maternas, la vernácula y la que, en nuestro caso, acerca a más de 400 millones de iberoamericanos.

Los caminos para hacer esto realidad son muchos, entre ellos los de la educación bilingüe y el fomento de la lengua minoritaria, incluyendo sus creaciones literarias, las antiguas y las contemporáneas. Importa asimismo insistir en el respeto que merecen quienes, además de la lengua común o general, hablan otra que es la del grupo del que forman parte y que atañe a sus raíces e identidad.

Sea la expresión de este deseo una semilla que fructifique en el gran ámbito de los pueblos que tienen como lengua en común, el español o el portugués que, juntos, suman más de 700 millones de personas. El deseo es que este ideal vaya mucho más allá de una mera retórica. Su importancia cultural, con implicaciones en todos los órdenes, conlleva la demanda de convertir esto en realidad.

Ilustración: Edmundo Aquino.
Foto: Emmanuel Audelo E.
 
 

 Siguiente  Índice