MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 8 de agosto de 2008/ Número 2

OPINIÓN

 
 
Pueblos indígenas y petróleo
Othón Cuevas Córdova*

A mediados de los 90, la Selva del Samoré, en el Departamento Norte de Santander, en Colombia, fue escenario del inicio de un conflicto que permanece hasta nuestros días, entre los U´wa, un grupo de poco más de cinco mil indígenas, contra las empresas petroleras Exxon y Empresa Occidental de Colombia, Oxycol, que tienen un contrato firmado con el gobierno colombiano para la explotación de petróleo en las tierras que habitan los U´wa, a las faldas de la Sierra Nevada del Cocuy. Este conflicto fue foco de atención para la prensa mundial, por la amenaza de los U´wa de cometer un suicidio colectivo, si las empresas petroleras iniciaban los trabajos de explotación en sus tierras.

Este escenario se repite en muchos de los pueblos latinoamericanos, donde los indígenas han sido presa de la voracidad de las empresas petroleras y los gobiernos nacionales, con el objeto de extraer de sus tierras el hidrocarburo. Esta práctica pone en riesgo la cultura, tradiciones y sobre todo el equilibrio que los pueblos indígenas tienen con la naturaleza, a quien respetan como la madre que les da el alimento, el aire y las condiciones para su supervivencia.

Lamentablemente, los procesos de industrialización han llevado al límite las grandes reservas de petróleo, lo que obliga a la búsqueda del mismo en otras áreas del mundo como las regiones árticas, el fondo del mar, las regiones selváticas y las cuencas pluviales, muchas veces reservas naturales y último refugio de los pueblos indígenas.

En México, por ejemplo, los chontales mantienen en Tabasco una lucha desde hace años contra Pemex por daños a sus campos, contaminación de ríos y lagos, pérdidas de cosechas por el efecto de la lluvia ácida producida por las perforaciones petroquímicas, muerte de animales, destrozos en las viviendas y continuas enfermedades causadas por los desechos tóxicos propios de la explotación de este recurso.

En Chiapas, uno de los elementos sobre los que la opinión pública fincó responsabilidades por el alzamiento armado el 1 de enero de 1994, fue la enorme reserva de petróleo que al parecer se encuentra en la Selva Lacandona, que oscila entre los 20 mil y 60 mil millones de barriles, casi comparable a los pozos petroleros más grandes de Kuwait y Arabia Saudita. Esta situación coloca a los indígenas en una posición de vulnerabilidad para la defensa de sus territorios ante la ofensiva de las compañías petroleras, incluida Pemex.

El asunto central es la defensa de los derechos de los pueblos indígenas para la conservación de sus costumbres, tradiciones y del medio ambiente, en una coyuntura decisiva para el futuro del país, evitando a toda costa los intentos de privatización de la industria petrolera, que sería un primer paso para despojar de sus tierras a los pueblos indios.

Adicionalmente, se debe vigilar que los recursos para los pueblos indígenas, en el menor de los casos se tripliquen, para impulsar su desarrollo y el mantenimiento de su universo cultural.

No hay precio que valga, que mitigue los daños al equilibrio ambiental y la violencia contra los pueblos indígenas en la intentona privatizadora. Además, los pueblos y comunidades indígenas, con sustento en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, tienen el derecho de proteger especialmente los recursos naturales, el derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan, así como la participación decisiva sobre los proyectos de desarrollo que puedan afectar su forma de vida y su futuro, comprometiendo su sobrevivencia.

Es el momento de aprender de los U´wa la estrategia de la defensa de sus tierras, es decir, hacer un llamado internacional a las organizaciones defensoras de los derechos de los pueblos indígenas, a la sociedad civil, a los parlamentarios y a la opinión pública en general, para hacer frente a esta forma de expansionismo neocolonial que no respeta la forma particular de vida de los indígenas.

Es momento de tomar medidas más drásticas, que realmente den la alerta sobre cómo la amenaza a los territorios indígenas en México y su eventual destrucción, es la amenaza y la destrucción de la historia misma de nuestro país.

Es el momento de evitar más historias de horror y de violencia sobre los pueblos indios y forjar un mejor futuro para todos.
 
* Diputado federal zapoteco
 
 
 
 
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