Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de marzo de 2010/ Número 10
OPINIÓN
De la educación indígena
a la educación intercultural bilingüe*
Natalio Hernández
Tres momentos históricos caracterizan a lo que denominamos
educación indígena en México. El primero
se inicia como alfabetización en lenguas indígenas
y castellanización, durante la campaña de alfabetización
que emprendió el presidente Lázaro Cárdenas,
en la década de los años cuarenta.
Esta experiencia la retomó el Instituto Nacional Indigenista
en 1953, mediante el reclutamiento y capacitación de jóvenes
provenientes de las comunidades indígenas, cuyos resultados
exitosos fueron presentados por México ante la conferencia
de la UNESCO sobre El empleo de las lenguas vernáculas
en la enseñanza. Consecuentemente la SEP, en 1964, acogió
el proyecto como Servicio Nacional de Promotores Culturales y
Maestros Bilingües con las mismas funciones de alfabetización
en lenguas indígenas y castellanización.
El segundo momento de la educación indígena se
inició en la década de los años setenta.
Diversas organizaciones indígenas demandaron al Estado
mexicano, que la alfabetización en lenguas indígenas
trascendiera a la educación bilingüe bicultural,
con el objeto de que las lenguas originarias de México,
dejaran de servir únicamente como puentes para la castellanización;
en cambio, que se procurara el estudio y conocimiento de las
lenguas indígenas a la par con el español, durante
toda la educación primaria.
De esta manera, al crearse la Dirección General de Educación
Indígena en 1978, sin abandonar el Programa Nacional de
Castellanización que emprendió la SEP, se apoyaron
proyectos de educación bilingüe bicultural en diversas
regiones indígenas del país.
Finalmente, el tercer momento de la educación indígena,
enfocada hacia una educación intercultural bilingüe
en México, se gestó en los diálogos de San
Andrés Larráinzar en 1996. La participación
de maestros bilingües, líderes de las comunidades,
organizaciones de la sociedad civil y académicos especializados
en los temas de educación, explicitó la necesidad
de desarrollar la educación intercultural bilingüe
para todos los mexicanos, como un mecanismo para romper la exclusión
y el racismo de que han sido objeto los pueblos indígenas
por más de cinco siglos.
Paralelamente a este desarrollo educativo en materia de educación
indígena, México ha tenido dos reformas constitucionales
de gran importancia para el reconocimiento del carácter
pluricultural de la nación mexicana. La primera se realizó
en 1992 y la más reciente en 2001. En ambas reformas,
se reafirma el carácter pluricultural de la nación
mexicana. Sin embargo, en la realidad poco se ha avanzado, por
las siguientes razones:
Primera: el Sistema educativo nacional sigue siendo un modelo
cerrado y centralizado. Responde al proyecto de nación
homogénea lingüística y culturalmente que
proyectó José Vasconcelos, primer secretario de
Educación Pública, a principios del siglo XX.
Segunda: la formación de maestros sigue siendo genérica
en contenidos y en metodologías para todos los docentes
del país.
Tercera: El artículo tercero, en términos generales,
sigue intacto conforme lo elaboró el Congreso Constituyente
de 1917, en aquel momento congruente con el proyecto de Estado-nación
homogéneo lingüística y culturalmente.
Por las razones que he expuesto, me permito presentar las siguientes
propuestas:
Primera: La educación intercultural bilingüe debe
ser para todos los mexicanos, para reconocer el valor de la diversidad,
para afirmar nuestra identidad, para superar prejuicios y actitudes
racistas; en fin, para formar generaciones que conozcan a México
desde sus raíces más profundas y, en última
instancia, para transitar por el mundo globalizado con una identidad
y un rostro propios.
Segunda: Los planes y programas de formación de docentes
deben responder a un modelo educativo que reconozca la diversidad
lingüística y cultural de México, para que
los docentes puedan encarar la formación de generaciones
que desarrollen sus lenguas locales y las valoren; que amen su
comunidad, su municipio, su estado y su país. Con ello,
se puede favorecer y fortalecer el tejido social de nuestra nación
multicultural y multilingüe.
Tercera: El artículo tercero tiene que reformarse sustancialmente.
Su diseño y contenido corresponde a un México de
principios del siglo pasado. El México del siglo XXI presenta
nuevos retos y desafíos que deben contemplarse en los
principios y contenidos del nuevo artículo tercero referido
a la educación.
Finalmente, debo mencionar que México cuenta con los instrumentos
legales y constitucionales para una reforma profunda del sistema
educativo. También cuenta con los instrumentos internacionales
que ha suscrito, como la Convención de la UNESCO sobre
la diversidad cultural, instrumento que aporta los principios
fundamentales para la convivencia digna y respetuosa en el contexto
de las sociedades pluriculturales y multilingües de este
siglo.
* Texto leído en la reunión
con el Dr. Vernor Muñoz Villalobos, Relator Especial de
Naciones Unidas en materia de Derecho a la Educación,
celebrada en la Secretaría deGobernación, el 17
de febrero de 2010.