Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de marzo de 2010/ Número 10
OPINIÓN
CRÓNICA DE LA BARBARIE
Martín Equihua
De torrentes y mariposas
A una desgracia como la que cayó a borbotones del
cielo del oriente michoacano, sólo pudo corresponderle,
para preservar a final de cuentas el equilibrio del mundo, un
gran torrente de corazones ávidos de confortar y compartir,
como el que inundó la plaza Valladolid, una explanada
cargada de historia que se llenó de litros de agua y manos
que entregan, que reciben, que clasifican; y aquél que
fluyó de los comuneros de San José del Rincón,
a quienes no interesó que una frontera dividiera entidades,
para recuerdo de que más allá de esa geografía
artificial hay otros lazos que atan.
No hubo de otra. El lodo que bajó del cerro de Guadalupe
para ofender el confesionario de Angangueo, las cocinas y alcobas,
los patios y aulas escolares; esa corriente desordenada que derribó
una montaña, que esparció el miedo e hizo huir
a cientos de lugareños cerros arriba, despertó
también la solidaridad de niños y el paso frágil,
lento, cansado, por ejemplo, de un viejo trabajador de mercado
que acudió en Morelia con sus dolencias a cuestas, a sembrar
los quinientos pesos de su semana, más otros veinte que
guardaba en bolsa aparte, a entregarlo todo, para que una vez
más pudiera brillar el sol en el mundo de las mariposas.
Y si por allá, a estas alturas aún los carros andan
llantas al cielo, los abarrotes flotando en el lodazal, la angustia
en los rostros de quienes esquivaron la muerte, las canchas inundadas,
las casas frágiles; en los pueblos vecinos, mazahuas y
hña-hñu, todos quieren ser sanadores de esa tragedia
que a su paso dejó hambre y sed. La lección inevitable
sugiere que para andar sobre este mundo mirando al futuro, es
necesario tender la mano a los que sufren.
¿Qué tal la señora que llevó ropa
usada, gastada, descolorida pero que era la suya, la de
uso diario y que por ayudar a los mojados se despojó de
ella aunque para algunos no cumpliera los requisitos de ser nueva?,
¿y qué tal el joven que en bicicleta, conduciendo
a una mano, llegó con un paquete de pañales y al
escuchar la dimensión de la tragedia, en plena mañana
gélida se tumbó su chamarra para espaldas más
necesitadas?
Y es justo de por allá, del albergue de San José
del Rincón, al pie de la Virgen enlodada que ha inaugurado
un nuevo culto asociado a la desgracia, de donde los más
viejos de entre los viejos castigados por el temporal, mandan
el siguiente recado, palabra a palabra: "mil gracias a todos
los que nos dieron un kilo de su corazón" y, de paso,
para que nadie pretenda jugar un ajedrez innecesario, advierten
a eventuales técnicos que no hagan cuentas, y cálculos,
y trazos para mover a ese pueblo de Angangueo como si de
una cosa y sólo de eso se tratara. Es decir: que nada
marchará contra su voluntad, que no se olvide que se trata
de personas de carne y hueso, y no de peones y pueblos sacrificables
cualesquiera.