Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de marzo de 2010/ Número 10
OPINIÓN
DETALLES
José del Val
¿Orgullosamente mexicanos?
Éste es el lema que el gobierno de México ha
escogido para dar cobertura a los festejos centenarios de la
historia nacional, la Independencia y la Revolución. Qué
enorme paradoja encierra el que hayan coincidido las fechas conmemorativas
centenarias de los dos momentos más radicales y significativos
de la historia nacional, en un tiempo en que gobierna en México
una élite profundamente conservadora y explícitamente
reaccionaria. El tiempo los obliga a festejar conmemorativamente
los momentos que tal vez más odian de la historia; más
todavía, las circunstancias les imponen conducir los festejos
esencialmente históricos de la nación, a sabiendas
de que a los personeros de la derecha, no sólo les tiene
sin cuidado la historia, sino que la detestan, les estorba, les
irrita y ni modo, se lanzaron a festejar.
Echando mano de los pocos fieles y representantes con que cuentan
en las instituciones de cultura y academia, construyeron un modelo
festejatorio. Los equívocos empezaron desde el primer
momento: pomposamente convocaron a un concurso internacional
para la elaboración de un monumento arquitectónico,
definido como un "arco conmemoratorio" de los centenarios,
cuya ubicación se definió en el arranque de la
avenida Reforma, a pocos metros del Monumento a los Niños
Héroes. Después de una tormentosa evaluación
y la intervención directa del presidente, el proyecto
ganador fue el de una torre de cuarzo iluminada, axial, un falo
altísimo cubierto de cuarzo, blanquísimo, con luz
permanente
A continuación dieron a conocer la realización
de una media gruesa, es decir unas 72 mesas de discusión
en formato de televisión, en que un selecto grupo de académicos
en una atmósfera amigable discutirían México,
sesiones que serían vistas por todo México, con
la salvedad de que sólo pasarían por los canales
culturales y en horas no demasiado costosas. Los programas iniciaron
con una elocuente introducción del novel secretario de
Educación en que, didácticamente, usando imágenes
intercaladas del presidente, convocaba a sus invitados a discutir
México.
Ni los temas ni los invitados han sido difundidos previa y suficientemente;
sin embargo, parece claro que el México de hoy, el real,
el que se debate entre la violencia, la impunidad y la destrucción
generalizada del tejido social, está fuera de las reflexiones
mexicanas. Por supuesto, no hay previsiblemente ninguna discusión
sobre la situación de México hoy y menos, evidentemente,
de los pueblos indios de México, de su situación,
de sus demandas negadas e insatisfechas centenariamente, del
estado de guerra de baja intensidad mantenida contra los zapatistas
por ya más de una década, de los asesinatos reiterados
de luchadores sociales, de la ofensiva declarada a los territorios
indígenas, del sangriento saqueo de la nación
es decir del México de hoy.
No, señores del gobierno: hoy nadie en este país
puede sentirse orgulloso de ser mexicano, y menos ante otro intento
más de engañar a esta sociedad con estrategias
mediáticas infames.