MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 12 de mayo de 2008/ Número 1

NACIONAL

 
Medios indígenas, riesgo y promesa
 
Un recuento de experiencias, apuestas, limitantes que han roto el silencio mientras construyen su propia historia
Radios indigenistas, comunitarias y por Internet; carteles, revistas, periódicos, folletos, videos, televisoras, blogs, páginas web, agencias de noticias, entre otros medios tradicionales y de nuevas tecnologías, son hoy de uso diario en un sector de indígenas mexicanos. Sin embargo, cientos de comunidades de diversas regiones, organizaciones y un arco iris de grupos, esperan una legislación diáfana y un presupuesto oficial que apuntale este derecho que se ejerce a contracorriente de los monstruos mediáticos filtrados hasta la última cabaña del país.
 
Hablamos de medios generados por comunicadores indígenas, al servicio de comunidades, regiones, organizaciones o temáticas específicas, que si bien operan en condiciones adversas, también han dejado frutos promisorios; y de las radiodifusoras indigenistas administradas por el gobierno federal, donde la primera de ellas, La Voz de la Montaña, en Guerrero, está por cumplir 30 años al aire: no se pueden ignorar en este escenario de la comunicación.
  Tatiana Victoriano, locutora purépecha
Excluimos en cambio, en este recuento de pájaros mensajeros, a las veces que un indio ha aparecido en los grandes medios bajo el prototipo brutal de la India María, hasta hoy imposible de superar en la perspectiva uniformadora de las grandes corporaciones de la comunicación; o aquéllas cuando aparece como protagonista de la noticia al matar o morir por sus tierras o las transfiguraciones del alcohol; o cuando ocasionalmente llega a una telenovela o película, a donde siempre va a servir al patrón que me mandó llamar… exigente al fin, y necesitado de una servidumbre mansa, humillada, desechable.

Pero el interés para crear y operar medios propios ha tenido sus riesgos. Ahí están las jóvenes triquis asesinadas, locutoras de La Voz que Rompe el Silencio. Y sólo para no abusar de las heridas de la memoria, omitiremos el inventario de agravios, pero los hay por los cuatro rincones del mundo, desde la costa hasta los sitios más recónditos de las montañas, en cada punto donde ha volado una paloma de papel con mensaje en los ojos, o donde ha grabado una voz india, o se han atragantado un gajo del espectro electromagnético, con o sin permiso legal.

El estado de cosas que mantiene a los pueblos indígenas en la base del desarrollo y la justicia, incluidos los que ven sólo objetos escenográficos, utilería ornamental para discursos o mapas, no admite que las voces indias se multipliquen, se amplifiquen, se impriman, se circulen. Hay miedo y vulgar resistencia a esa voz. Prefieren el silencio… y sin embargo circulan.
 
Experiencias exitosas
Hay experiencias exitosas y promisorias, tanto de orden comunitario -de proyectos incorporados por decisión de la comunidad-, como de organizaciones civiles, pequeños grupos o personas. Revistas persistentes como Ce-ácatl, de buen perfil noticioso que contribuyó a que interactuaran organizaciones de lo que comúnmente llamamos movimiento indígena; y otras tantas de corta vida. Un abigarrado expediente de periódicos como Binigulazaa en Oaxaca o El Nao en Jalisco. Y folletines como Titlatoa, en Guerrero, una simple hoja doblada que circulaba "con monitos" periódicamente; o el sistema de comunicaciones Xiranhua, en Michoacán, que ha desarrollado, en los últimos años, un semanario impreso, una página web, radio y otros medios, pero sin manejo comunitario ni de asociación. El costal es abultado.

No podría olvidarse el circular de miles de hojas impresas con la invitación a las asambleas comunitarias por todo el Mundo Indígena; ni los altavoces de transmisión sistemática de mensajes editoriales, junto a la oferta de tamales y atoles. Por igual, los carteles de buen diseño para memorables congresos, asambleas, reuniones; o para reproducir declaraciones de encuentros o catálogos de derechos; periódicos, folletos y revistas de mejor forma, en organizaciones capitalizadas.

También, sigilosamente, de la mano de instituciones académicas e indigenistas, se fueron formando profesionales de la cámara, fotógrafos, videoastas, y que han transitado por el laberinto de festivales y foros especializados para obsequiar a los demás, sus pedazos de realidad. Revistas y suplementos de ciertos diarios abrieron sus páginas a los profesionistas indios.

Y a esta historia pertenece un ejercicio de "producción radiofónica pero sin radio", consistente en la grabación y distribución de casetes a un conjunto de comunidades que tenían que regresar periódicamente a una modesta comisión para renovar los mensajes. Fuimos testigos de cómo se arremolinaban decenas de personas, cual abejas al panal, a la reproductora instalada en la Casa del Pueblo.
 
La voz de la montaña
Incluso, el sistema de radios indigenistas que abrió como canal oficial, poco a poco ha ido incorporando más voces indígenas, si bien acotadas institucionalmente, han contribuido sin duda a preservar las lenguas y a fortalecer relaciones entre las comunidades. Ahora tendría 20 radiodifusoras al aire y cuando menos la mitad transmitiendo ya por Internet.

Con tres décadas de haberse iniciado en regiones estratégicas, las emisoras se han ajustado al perfil del gobierno en turno, pero también han calado hondo en cada sitio donde fueron sembradas. Como se sabe, trasmiten en 30 lenguas, poco menos de la mitad del universo reconocido, y el grueso de sus locutores son originarios de su área de cobertura, como sus directivos y operadores; y en varios casos sabemos del claro trabajo por consolidar redes de corresponsales comunitarios y sobre todo, sabemos que han despertado interés en la formación de profesionales indígenas.

Lo que representa cada estación en su región es muy significativo: saludos van y vienen, música, mensajes, servicios; por ejemplo, para promoción de fiestas patronales, ejes de cohesión comunitaria, no hay mejor medio para abrir puerta a invitados de otros núcleos.

Y en lo que resulta un caso histórico, recordamos un episodio, de poco menos de 20 años atrás, cuando a la radio Voz de la Montaña, instalada en Tlapa de Comonfort, Guerrero -de cara a una de las zonas más pobres del país y del mundo- le fue robado su equipo de transmisión al amparo de la noche. La quisieron silenciar. A la mañana siguiente, una manifestación espontánea quiso saber las razones del silencio. Lo que se vivió en las horas siguientes tal vez sea uno de los capítulos más brillantes, que expresa de mejor forma, el reclamo de un bien y el reconocimiento del derecho que nos ocupa.

Cientos, miles, colmaron en cuestión de horas las instalaciones y exigieron que se llenara el hueco del transmisor ausente. Los primeros argumentos oficiales referían que era imposible una nueva adquisición por los altos costos. Tlapanecos, Nahuas y Mixtecos, su principal audiencia, habían perdido la inocencia y la paciencia, y no dieron tregua a su reclamo. La Voz de la Montaña volvió a sonar. El fin del silencio había llegado.

Un migrante, radioescucha de nuestro programa El Fin del Silencio, transmitido por Internet en Radio Kuskua Internacional, resume así su experiencia radiofónica: "Gracias por hacernos recordar que nosotros somos de allá… desde que los escuchamos empezamos a hacer maletas para regresar… aunque hayamos dejado nuestra juventud en esta tierra… los más animados son nuestros hijos que nacieron acá, en Wisconsin".
 
Martín Equihua
Foto: M. Equihua
 
 

 Siguiente  Índice