MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 12 de mayo de 2008/ Número 1

CULTURA

 
Un oficio en riesgo
 
En Santa Fe de la Laguna, Michoacán, la alfarería compite con el plástico

 
La alfarería se vende todavía en Uruapan y Pátzcuaro
La alfarería en Santa Fe de la Laguna, comunidad ubicada a orillas del lago de Pátzcuaro, en Michoacán, es un oficio que se cree se realiza desde la época en que Vasco de Quiroga fundó el primer hospital pueblo en Michoacán. Sin embargo, vestigios de utensilios de barro encontrados en la zona, señalan que antes de la llegada de los españoles ya existía en nuestra comunidad y que, por lo tanto, Vasco de Quiroga sólo organizó a los indígenas, no instituyó los oficios, como señala la historia.
 
Esta actividad ha sido el principal sustento de la mayoría de las familias de Santa Fe de la Laguna pero, de ser un producto altamente demandado, con el paso del tiempo, lamentablemente, ha sufrido un grave desplazamiento por la cerámica y la madera.
Antiguamente, todos los comerciantes vendían los productos de barro que realizaban en sus hogares con sus propias manos; se reunía toda la familia para trabajar, de manera que este saber se iba heredando de generación en generación.

El proceso de elaboración siempre ha implicado un gran desgaste físico para el artesano, sin embargo, hasta hace unos años las personas lo realizaban sin mayor complicación, debido a que la remuneración que obtenían de la venta de sus productos era altamente satisfactoria y a que los elementos que utilizaban no eran costosos.

Tata Octaviano López, de 80 años de edad, cuenta que el considerable aumento de precios en los ingredientes que se utilizan para la elaboración de alfarería, es uno de los motivos por los cuales la mayoría de las familias han dejado de elaborar las ollas y menciona que hasta hace 10 años la greta negra o esmalte, tenía un costo de 15 a 20 pesos el kilo y la misma cantidad de greta roja se obtenía por diez o 15 pesos. De unos años para acá, estas cifras se han cuadruplicado, lo que ocasionó que la gente comenzara a vender la olla cruda, y a malbaratar sus productos.

Otro de los motivos por los que está desapareciendo el oficio en cuestión en Santa Fe de la Laguna es que, antes, en todas las fiestas de las comunidades de la región, se utilizaban en gran medida productos de alfarería tradicional, por lo que los principales puntos de venta se concentraban en los alrededores del lago de Pátzcuaro, permitiendo a los comerciantes vender sin tener que desplazarse a lugares lejanos.

Al día de hoy, incluso dentro de la propia comunidad, los platos y ollas de distintos tamaños, en los que se elaboraban el atole y la comida, al igual que los platos para servirla, se han sustituido poco a poco por productos desechables, o utensilios de peltre y plástico. Sin duda alguna, el sabor de los platillos es distinto cuando se utilizan ollas de barro, pero uno de los motivos que la gente señala para no seguir usándolas, es que el tiempo de cocción es más tardado y mayormente complicado, a diferencia de la comodidad que brindan las ollas y botes de aluminio que ahora se utilizan.

El plástico y los platos desechables también se han introducido poco a poco en las fiestas y en la vida cotidiana de los lugareños. Por ejemplo, antes se llevaba una olla cuando se acudía a comprar algún alimento a la plaza o a la tienda, ahora lo venden en bolsas de plástico. Esto también ha contribuido al desuso de la alfarería.

Uruapan y Pátzcuaro son de los pocos lugares en los que nuestros artesanos siguen comercializando sus productos. Pero a pesar de ser éstos puntos importantes de venta, la crisis económica que se vive en todo el país se ha reflejado en el barro y ha repercutido en los bolsillos de los alfareros, generando que se sustituya la olla tradicional de barro por la de cerámica, o que las personas prefieran vender artesanías de madera.

Con el paso del tiempo, los comerciantes de alfarería tuvieron que desplazarse a vender en lugares lejanos a su comunidad, en donde debían permanecer por largas temporadas obteniendo pocas ganancias.

Todo lo anterior, ha causado que en muchas familias, los jóvenes decidan dejar el oficio y opten por trabajar en las bodegas de Quiroga, en las que, aunque el trabajo no es bien remunerado, al menos obtienen un sueldo seguro y la tranquilidad de comer a diario, privilegios que con el oficio de alfarero ya no se obtienen.
 
Itsel Karina Alejandre Pérez (estudiante purépecha de comunicación, hija de alfareros)
Fotos: M. Equihua
 
 

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