MUNDO INDÍGENA
Suplemento de MILENIO Diario y SEPRADI, 12 de mayo de 2008/ Número 1

OPINIÓN

 
 
CRÓNICA DE LA BARBARIE
Martín Equihua*
 

   Fortalecer la comunicación indígena
 
El marco normativo vigente, garantiza que pueblos y comunidades indígenas aspiren a crear medios propios para el desarrollo de procesos formales de comunicación. De hecho, fue un argumento categórico de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para declarar la inconstitucionalidad de las leyes de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones que dejaban en "desventaja" al sector que representa el 10 por ciento de la población nacional, y que, sin duda, es mucho más que una estadística. Prevé, así mismo, la obligación del Estado para garantizar ese derecho.

La comunicación indígena en voz, letras e imagen propias, es una realidad que se abre paso a través de diversos medios. Ha acompañado el proceso de organización independiente, desde los años setentas, en que adquirió perfil inter-comunitario, hasta sus dimensiones nacional y continental de hoy, con sus diversas expresiones. Su despliegue es una condición sustantiva para el desarrollo de una democracia de calidad en nuestro país.

Es un derecho afirmado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley General de Derechos Lingüísticos y la Declaración de la ONU sobre Derechos Indígenas -que contiene el mínimo contemporáneo de reconocimientos al que deberán sujetarse los Estados Miembros-; amén de otros instrumentos normativos.

Pero la reglamentación de ese derecho sigue pendiente y el legislador no puede evadir, por más tiempo, el acceso indígena al campo de la comunicación apuntalada por tecnología de punta. La condición de indefensión comunitaria frente al poder ideológico y cultural que los grandes medios ejercen, en mucho explica el penoso y acelerado proceso de debilitamiento y extinción de lenguas y otros distintivos culturales. La indolencia de un Estado, que proyecta la ausencia de representantes indios en sus principales órganos de decisión, no puede continuar. La llevada y traída reforma del Estado nunca será tal si persiste la marginación comunicativa.

En las disposiciones legales citadas, se prefigura lo que podríamos llamar la política editorial del conjunto de medios indígenas, más allá de los matices que distinguen a cada uno: su contribución para preservar y desarrollar las lenguas indígenas; el derecho a saber y heredar el conocimiento de historia propia, cultura, idioma, filosofía, proyectos; la apertura a todas las voces locales y al mundo informativo en general, desde la socorrida perspectiva intercultural; el derecho a tener un proyecto político; la promoción de tolerancia, derechos humanos, medio ambiente. Y por supuesto, su tendencia crítica que los convierte en una barrera moral contra toda forma de abusos.

Dentro del mundo de pendientes, además del legislativo, destaca la apertura de los grandes medios -obligación del Estado- a la pluralidad cultural, con programas en todas las lenguas nacionales. La formación profesional de comunicadores indígenas, para la que hay interés pero pocas opciones, a no ser algunos cursos independientes o diplomados del sistema de universidades interculturales. Se necesita, así mismo, retroalimentar el proceso de comunicación con investigaciones que den cuenta de los medios propios, y del cómo las nuevas tecnologías han salvado distancias y fronteras y se han ido asimilando en los pueblos indios; y mucho más de los procesos comunicativos irreversibles a pesar de las tragedias, presentes cotidianamente en lo que llamamos, para simplificar, mundo indígena.

De esta forma, MILENIO ha acertado al abrir sus páginas a las voces del México plural, como no ocurre en otros grandes medios, que siguen creyendo que el mundo indígena es sólo un reservorio de sorpresas guerrilleras, turbas y brujos, o cuando más, de objetos para el deleite del antropólogo que todo turista lleva dentro.

* Periodista purépecha
 
 
 
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