Suplemento de MILENIO Diario
y SEPRADI, 12 de mayo de 2008/ Número 1
OPINIÓN
VIDA COTIDIANA
Sofía Robles Hernández*
Leyes, mujeres y cotidianeidad
En los últimos años se habla mucho de que las
mujeres hemos alcanzado mejores oportunidades para poder desarrollar
nuestras capacidades. Existen acuerdos internacionales, como
la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia
contra la Mujer, la Declaración y Plataforma de Acción
de Viena, la Declaración de Beijing, el Programa de Acción
de El Cairo o la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, que orientan
a los gobiernos a impulsar acciones en sus países para
reducir la brecha del acceso a oportunidades entre hombres y
mujeres. En todo esto han tenido que ver muchas mujeres luchadoras
del mundo, son las que han empujado estos logros, pero aún
falta mucho por hacer.
Vamos a referirnos a un tema muy concreto: la violencia intrafamiliar.
Muchas mujeres sabemos que no es normal, que es algo que nos
afecta, pero que además afecta a nuestros hijos. Sabemos
que hay leyes que nos protegen, que es algo que no debe pasar,
pero que sin embargo sucede. Por eso una dirigente mixe de una
pequeña comunidad decía: "tenemos que pasar
de las palabras a los hechos". Sí hay leyes, pero
¿dónde están cuando en las comunidades aisladas
se dan estas situaciones?, ¿quién puede apoyar?,
¿qué se puede hacer cuando una mujer padece violencia
constante, cuando el marido la golpea?
Tomemos como ejemplo un caso concreto en una comunidad oaxaqueña.
Las autoridades locales opinan: "¡Esta mujer no entiende,
ya le hemos dicho! Todos saben cómo vive esta familia
pero nadie puede hacer nada". Sugieren a la mujer que abandone
a su esposo, pero no acepta. Claro, no es una decisión
sencilla, pues ella depende totalmente de su marido y dejarlo
implicaría muchas cosas que sólo ella debe saber.
Por otro lado, es posible imaginar el daño que se está
haciendo a los tres pequeños. Hay un factor adicional
que hace a esta mujer más vulnerable: ella es de otra
comunidad y por lo mismo no tiene ningún apoyo ni a quién
recurrir cuando vive esta situación. La familia del esposo
no es necesariamente un aliado.
¿Qué hacer? Las autoridades los han llamado e instado
a no continuar ejerciendo la violencia, sin embargo, ésta
se repite constantemente. La última vez encerraron al
esposo y lo remitieron a la cabecera municipal. Seguramente lo
soltaron después de ponerle una multa y lo condicionaron
a no seguir golpeando a la esposa que, reiteran los vecinos:
"ella tiene la culpa, porque no lo deja". Pero ¿a
dónde puede ir con sus tres pequeños que además,
según los vecinos, ni siquiera están registrados?,
son niños que no existen legalmente.
Lo importante es que hay mujeres de la comunidad preocupadas,
que buscan una forma de que estas acciones no continúen,
interesadas en que las mujeres salgan adelante. Por ello, además
de las leyes, en las propias comunidades deben establecerse estrategias
para la prevención y protección de las mujeres
y de los niños, para que puedan vivir una vida libre de
violencia. Para lograr desarrollar estas estrategias es necesario
contar con el respaldo de las autoridades locales.
Por todo lo anterior, es muy importante la organización
de las mujeres tanto a nivel local como regional y, en este sentido,
resaltan los esfuerzos de organizaciones como la Red de Mujeres
Mixes, que se fortalecen a través de la capacitación
en diversos temas y que se están convirtiendo en referentes
importantes de sus comunidades. También podemos resaltar
de manera particular el trabajo realizado en los seis encuentros
regionales de mujeres que se han llevado a cabo desde diciembre
de 2005 hasta la fecha.
Historias como la que relatamos se dan seguramente en muchas
comunidades indígenas y rurales, en donde no hay alumbrado
público, ni servicios de salud y no existe una línea
telefónica para poder reportar estos sucesos; o en algunas
colonias populares urbanas, en las que tampoco se cuenta con
estos servicios.
Esta es una muestra de abandono e injusticia que se concreta
en los más vulnerables, en este caso las mujeres y los
niños. Es por ello que nosotros decimos que hay mucho
por hacer en los pueblos indígenas, entre otras cosas,
aterrizar leyes que la mayoría de las veces no se conocen.
*Titular del departamento
de género y mujer mixe de Servicios del Pueblo Mixe, A.C
e integrante de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos
de México.