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- Indígenas
de todo el mundo acudieron a la ONU
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Es lunes 21 de abril y me
encuentro en la ciudad de Nueva York en la puerta de visitantes
de las Naciones Unidas, la cual luce inusualmente concurrida
desde las siete de la mañana. Una larga fila de más
de 400 personas avanza lentamente por los arcos y cámaras
de rayos X de los puestos de seguridad. En ella se mezclan los
estudiantes de secundaria y leyes, que por lo general acuden
de visita, con una serie de individuos disímbolos, impares,
ajenos al clásico perfil neoyorkino que impera en la ONU,
ataviados con sus mejores trajes regionales y, en algunos casos,
ceremoniales. Los jóvenes no ocultan el asombro cuando
ven ante sus ojos a un maorí con el rostro plenamente
tatuado, descalzo, cubierto sólo por un taparrabo y portando
un exquisito tocado de plumas, hablando por celular; o, atestiguan
cómo el guardia obliga a las mujeres masai a pasar una
y otra vez por el arco para asegurarse de que lo único
que hace sonar la alarma son los metros de collares que portan. |