La nación otomí se estableció en un extenso territorio que comprende la mayor parte de Mesoamérica, con diferentes cambios originados en su geografía por la presencia posterior de otros pueblos. Esta nación ancestral tenía en el momento de la invasión española, el siguiente territorio;
a) Valle de Nzuhni (Toluca); b) Provincia de Madenxi (Xilotepec); c) Mamehni (Tula); d) Sierra de las Cruces (Kuauhtlalpan), e) Texcoco, Tlacopan (Tacuba), Atlakuiuayan (Tacubaya), Koyoakan, Axochko (Ajusco), y Teocalhueyakan (Tlalnepantla); f) 'Mundö (México); g) Valle del Norte de 'Mundö (México); h) Teotlalpan; I) 'Batha 'Bot'ähi (Valle del Mezquital); j) Metztitlan; k) La Huaxteka; l) Sierra de Puebla; m) Akolhuacan; n) Tlaxkallan; ñ)'Batha Puebla; o) Michoakan; p) Kouixko; q) Guanajuato, r) Kolima, y s) Kuliakan.
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Antecedentes Históricos Epoca de la Conquista Epoca colonial Epoca Independentista Epoca revolucionaria y posrevolucionaria Epoca contemporánea |
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La nación ñätho ñähñu ñuhmu 'ñuhu ( otomí ), es el pueblo más antiguo de Nxihmhöi (nuestro Continente). Cuentan los viejos sabios, los guardianes de la historia oral que, la vida otomí se remonta a un pasado que se pierde en la neblina del tiempo. Es la primera humanidad, la cultura madre, los otomíes y los olmecas son los mismos, de quienes con el tiempo se desprendieron grupos que conformarían los pueblos con los troncos lingüísticos otopame, mixteca, popoloca, amuzga, zapoteca, chinanteca y chiapaneca-mangue. El pueblo otomí dió orígen a otras civilizaciones como la mazahua, tlatilca, tolteca, teotihuacana, cuiccuilca, chichimeca, pame, matlatzinca, triqui y tlahuica.
Los otomíes descubrieron el Mfuhthä o Teocintle
hace más de 30 mil años; fueron los primeros descubridores
del Tsibi (fuego) y del Tihta (temascal). Fueron los inventores
del medepa o cuenta del tiempo (calendario); tuvieron comunicación
con otros pueblos y seres de otros lugares del universo. Utilizaron
diversas formas y tipos de energía. Desarrollaron el arte,
la ciencia, la literatura y la educación. Su desarrollo
fue grande. Construyeron casas sagradas o centros ceremoniales
llamados Mähki Dänguu; las huellas de ésta civilización
están estas ciudades milenarias.
Uno de los principales héroes de la nación
otomí fue 'Botzanga, quien gobernó la Ciudad-Estado
de Ndongu (Xikipilco), joven guerrero que dirigió a su
pueblo con sabiduría y defendió la soberanía,
territorio y autodeteminación otomí en contra de
la expansión militar mexica.
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Según Jaques Soustelle (1937) la nación otomí
ocupaba durante la invasión europea, un área más
grande que la que ocupan ahora. Los otomíes se encontraban
en ese momento, en un periódo de expansión. Los
poblados más importantes fundados en esos tiempos por los
otomíes bajo el sometimiento español fueron: Querétaro,
San Juan del Río, Tolimán, San Miguel Allende, Tierra
Blanca, Santa María del Río y San Luis de la Paz.
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Durante el siglo XVII, la necesidad de ofrecer seguridad a los carros de carga que transportaban productos de las minas, llevó a los expañoles a tratar de controlar a los otomíes nómadas a través de la fundación de Misiones. Pero las bandas que no estaban sometidas atacaban constnatemente los nuevos asentamientos, manteniendo un estado étnicon de guerra.
Estas constantes hostilidades y la carencia de una agricultura regular originaron al alzammiento entre los otomíes que estaban establecidos recientemente.
Durante el siglo XVIII, los intereses de los ranchos ganaderos se unió a los intereses de la industria minera, dando a la política de sometimiento un carácter puramente militar. Pasando, en ese momento, el control económico de mano de los españoles a la de los criollos.
Los otomíes que colaboraron en forma importante en la colonización, como los que recientemente se habían hecho sedentarios, fueron relegados a una posición inferior, desposeyéndolos de sus tierras para favorecer a los hacendados de la Colonia y obligarlos a trabajar en las minas, como las de Guanajuato.
Muchas Misiones fueron destruidas y los otomíes perseguidos, a pesar de los esfuerzos de los misioneros y en su lugar se establecieron presidios militares. Los territorios otomíes que hasta ese momento habían sido exclusiva o predominantemente suyas, fueron ocupados por un número creciente de criollos y mestizos.
En el Archivo General de la Nación
aparecen constancias del empeño de los otomíes de
Temoaya para defender sus tierras y aguas. En 1695 los otomíes
reclamaron contra Nicolás López Jardín y
contra Juan Quijano, dueños de la Hacienda de "Nuestra
Señora de Dolores" y de San José Buenavista,
respectivamente. En los alrededores de Temoaya, pero en tierras
pertenecientes a los otomíes, se establecieron varios pobladores
españoles que recibieron estas tierras como mercedes, entre
ellos se encuentran: Melchor de soto, Lucas de Soto Cabezón,
Domingo Díaz, Francisco Gómez Plata, que aparecen
como agricultores, lo que fue una causa más de la rebeldía
y enfrentamiento con los invasores.
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Los otomíes descontentos participaron en la Guerra por la independencia, con el llamamiento del cura Hidalgo (quien dominó el otomí y enseñó a leer a los nativos de Dolores) , miles de otomíes se unieron a la lucha libertaria. Los otomíes participaron en la toma de la Alhóndiga de Granaditas contra los españoles, ya que el minero valiente e ingeniosos apodado el Pípila, quien se ató una loza a la espalda y, protegido contra las çbalas enemigas, pudo acercarce a la puerta de la Alhóndiga y prenderle fuego; y así satisfacer el hambre de su pueblos con el maíz y el almento que los ricos acaparaban.
En la Batalla del Monte de las Cruces, cuando Hidalgo entró al Valle de Toluca con su ejército de 80 mil hombres, la mayoría compuesta de otomíes de Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Michoacán y Estado de México, incluidos mazahuas y purépechas, quienes se levantaron en armas; quienes ganaron a los realistas. Pero al consumarse la independencia, la condición de vida de los otomíes fue más mísera, además de que miles de ellos perdieron la vida en ese movimiento social.
En ésta gesta, Temoaya es mencionada en relación a la marcha de los Insurgentes -donde de unen cientos de otomíes de éste lugar- hacia el Monte de las Cruces contra los realistas. El periodista Camacho Escamilla cuenta entre sus anécdotas, que al pasar el General Aldama por Temoaya se le unieron muchos indios otomíes, lo que conmovió y sorprendió profundamente al joven General, por la adhesión que mostraban los habitantes del lugar".
Con el movimiento de independencia cambió la situación política del nuevo estado nacional mexicano, pero realmente empeoró la situación de los otomíes, acentuando las diferencias y consolidando a la "gente de razón" a una posición en contra de los naturales.
En el siglo XIX, los otomíes que habían permanecido más o menos nómadas o constantemente rebveldes y que habían escapado al exterminio, adoptaron rápidamente las técnicas mestizas en la agricultura y asimilaron también la cultura mestiza, perdiendo en gran cantidad sus características distintivas.
En la zona central, los otomíes se retiraron de las
ciudades formando algunas veces vecindades en la periferia. La
invasión de los mestizos a las tierras otomíes ocasionó
que algunos de ellos invadieran las tierras de los pames de Sierra
Gorda.
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Epoca revolucionaria y posrevolucionaria:
Durante el régimen porfirista, la situación de muchos otomíes se tornó más crítico, como los de la cuenca del Río Lerma, donde las haciendas explotaban su fuerza de trabajo, Hubieron haciendas como el de La Gavia, la Hacienda de Buenavista, propiedad de Miguel Icaza; la Hacienda de Pathe que llegó a serr propiedad de Pordirio Díaz, hijo; el Rancho de Tlachaloya de Pascual Cejudo, el Rancho de San Antonio de José María Alvarez y la Hacienda de San José Comalco de Doña Guadalupe Madrid.
Estas tierras que ancestralmente habían sido dueños los otomíes, fueron relegados a trabajar como peones acasillados o gañanes, donde las mujeres eran humilladas por el amo o patrón.Los otomíes vivían en los pueblos, barrios, rancherías y relegados a las zonas montañosas principamente; desempeñaban so solamente las tareas más modestas, sino que además, cultivaban la tierra como aparceros, teniendo obligación de prestar sus servicios a los hacendados.
Antes de 1910, los otomíes de Temoaya vivían en condiciones económicas muy difíciles por lo que fue relativamente fácil que se incorporaran a la lucha armada.El dictador Díaz persiguió a los otomíes a través de los hacendados y caciques y rancheros, por ello el movimiento revolucionario impulsa al otomí tomar nuevamente las armas y luchar al lado de Emiliano Zapata. Miles de otomíes murieron por lograr la tierra y su libertad.
Después de la revolución, los otomíes
empezaron a buscar documentos coloniales y comenzaron a gestionar
la restitución de sus tierras; obtuvieron lotes o restituciones
en forma de ejidos. Al mismo tiempo que se acrecentaron las comunicaciones
y la educación rural, se intensificó el movimiento
hacia la "cultura nacional, que había empezado en
el siglo anterior". Hoy en día, todos los pueblos
de la familia otomí presentan, a simple vista, un aspectio
homogeneo y similar a los pueblos indios del México central.
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Junto al Movimiento Nacional Indígena, el Movimiento
Otomí contemporáneo aparece en 1975, con la conformación
del Consejo Supremo Otomí, quien asiste junto con los Consejos
Mazahua, Matlatzinca y Tlahuica al Primer Congreso Nacional de
Pueblos Indígenas realizado en ese mismo año. El
13 de octubre de 1977, el Pueblo Otomí participa en la
firma de el "Pacto de Valle Matlatzinca", en un acto
llevado a cabo en la Facultad de Humanidades de la U.A.EM., comprometiéndose
junto con mazahuas, matlatzincas y tlahuicas, a unir sus esfuerzos
en la lucha de liberación:
"2.- Por la autodeterminación y autogestión de nuestros grupos étnicos dentro del contexto de la Nación Mexicana;
5.- Por una economía basada en la colectivización de la producción, que es tradición en nuestros grupos, para que la tierra beneficie a todos, como el calor del sol;
6.- Por la aplicación real de la justicia, para erradicar los vestigios coloniales y neocoloniales que destruyen la vida social de nuestros pueblos;
7.- Por la devolución y respeto de las tierras que nos pertenecer desde hace miles de años;
8.- Por la defensa de nuestros centros ceremoniales, símbolos de nuestra identidad;
19.- Que la política de los distintos municipios y poblaciones indígenas la determinen los mismos indígenas;
20.- Porque la política indigenista oficial deje de ser paternalista, impositoria, verbalisa y burocratizante. Queremos una política indigenista hecha por los indígenas y puesta en acción por los mismos;
25.- Fortalecer nuestra conciencia histórica, la toma de conciencia de nuestra realidad social, económica, política y cultural para poder así edificar nuestro presente y nuestro futuro;
26.- Hacemos nuestra la lucha de la clase trabajadora y de todos los grupos marginados que combaten los actos de etnocidio y genocidio que se dan en los grupos étnicos.
El grupo del Pacto del Valle Matlatzinca dirigió a la sociedad nacional y al Estado Mexicano, documentos en donde expone su pensamiento político y sus demandas históricas, los cuales son: 1) Los Indígenas y la Reforma Política de México", que fue leido el 13 de abril de 1978 junto al Monumento a Cuahtemoca, en la ciudad de Toluca, el donde se reclama al Estado por su política de imposición, la forma arbitraria de llevar programas o patrones contrarios a la vida de los pueblos indios, exigiendo una reforma del Estado que respete la organización, la autogestión, autodeterminación y din a la política indigenista patrernalista y autoritaRIA; 2) La "Declaración de Temoaya", fue firmada el 8 de julio de 1979 en Temoaya, en el corazón de la región otomí, y presentada en ese mismo mes al Tercer Congreso Nacional de Pueblos Indígenas, la cual plantea puntos fundamentales como el Estado Multiétnico, la exigencia de espacios políticos, la conquista del poder, fin al colonialismo, la educación bilingüe, la recuperación histórica y de la tierra, entre otros; y 3) "La Carta Abierta del Pueblo Otomí al Presidente de la República", leida por Apolinar de la Cruz Loreto, Presidente del Consejo Supremo Otomí ante José López Portillo, el 15 de agosto de 1980 en el Centro Ceremonial Otomí, donde el entónces primer mandatario hizo entrega de esta obra monumental como la Casa y Símbolo de la Identidad del Pueblo Otomí.
En éste último documento se exige el reconocimiento constitucional de los Pueblos Indios, fin a la dessigualdad y discriminación y denuncia que la "sociedad mexicana es multiétnica, pliricultural, pero el Estado es aún monocultural, no plural, desde que parece ser un instrumento exclusivo de la sociedad mestizam que se erige así en nación dominante".
Tambíen aparece la "Carta Abieta a los Hermanos Indios de América", como la posición de los Pueblos Indios del Estado de México integrados al Grupo del Pacto del Valle Matlatzinca, ante el Movimiento Indios Internacional, dada a conocer ante el pleno del Congreso de los Pueblos Indios de Sudamérica, llevado a cabo en el Cuzco, Perú, en febrero de 1980. Dicho documento plantea los fundamentos de la indianidad, el alcance y sentido de su acción, la cultura y la educacción, y la organización india; y expone que "durante más de 450 años han tratado de destruir nuestra sociedad y nuestra cultura, de borrar nuestra memoria, ya sea por la fuerza de las armas o de la superexplotación como con políticas asimilacionistas, integracionistas, aculturativas, etc. Probaron muchas formas de genocidio y etnocidio, pese a todo no lo lograron, ni lo lograrán, pues nuestros pueblos están despertando de la larga noche del colonialismo, recuperando la palabra que tanto nos negaron, recuperando nuestra historia, reafirmando nuestra identidad. Ahora, más que nunca, debemos cuidar esa palabra, no dejar que nos la roben gobiernos y grupos de poder que vienen a posar como libertadores o progresistas para desarmarnos tan sólo, para manipularnos mejor, pues en definitiva no se les ve nada en serio para quebrar esa situación colonial por la que seguimos pagando un alto precio de sangre, de sufrimiento y de humillación..."
El Pueblo Otomí está presente en la lucha por sus reivindicaciones y derechos a nivel local, estatal, nacional e internacional, como lo testifican los documentos mencionados. El movimiento otomí representado en el Consejo Supremo Otomí obtiene algunos logros, sobre todo en materia de servicios de infraestructura de las comunidades y créditos agropecuarios para el campo; y tal vez el mas significativo es la edificación del Centro Ceremonial Otomí, donde muchas comunidades otomíes participan en su gestión y construcción. Ello coincide con el periódo de Jorge Jiménez Cantú. Pero vienen altibajos a partir de 1982 con el gobierno de Alfredo del Mazo González, transcurriendo el periódo de Alfredo Baranda García, y no es sino siete años despúes cuando la organización otomí logra reagruparse para fortalecer su lucha libertaria y por una nueva relación entre el Pueblo Otomí y el Estado.
Sucedieron los gobiernos de Mario Ramón Beteta con
su política de etnodesarrollo y la continuada por Ignacio
Pichardo Pagaza, que en su periódo se entrega el Centro
Ceremonial Otomí al Gobierno Federal, en perjuicio de los
otomíes. La política de éstos gobiernos -incluida
la de Emilio Chuayffet Chemor -con su indigenismo de participación-
consiste en la promoción de la economía capitalista
y neoliberal, así como en la integración participativa
de los indios dentro del mismo modelo de desarrollo impulsada
por el Estado y el gran capital. Y la situación de marginación,
despojo y dominación del Pueblo Otomí y de los demás
pueblos originarios continúa.