EL CENTRO CEREMONIAL OTOMI

 

Antecedentes históricos
La Defensa de los Centros Ceremoniales y el Derecho a la Identidad
La Creación del Centro Ceremonial Otomí
El Centro Ceremonial y la Política del Estado


Antecedentes históricos:

Desde la época precolonial, la nación otomí mantenía una relación profunda con lo sagrado, con la naturaleza y el cosmos. Los otomíes desde tiempos muy remotos tuvieron sitios y lugares para el culto a sus divinidades. Se tiene conocimiento que hace aproximadamente 30 mil años, los otomíes ya rendían a las fuerzas de la naturaleza. Existen pruebas de la presencia otomiana en Tlapacoya, con una antigüedad de 22 mil años, así como de sus prácticas rituales en cuevas o grutas como la Cueva del Tecolote, en Hidalgo, y el Cañon de San antonio Tezoquipan, municipio de Alfajayucan, de esa misma entidad, donde se registra la historia y la cosmovisión otomí a través de pinturas tupestres, con una antigüedad aproximada de 12 mil años.

Hace unos diez mil años los otomíes dejaron huella de sus sitios sagrados y centros ceremoniales en el Valle de 'Mundö (México), como el centro religioso y político de Dängu 'Mundö (Cuicuilco), que fue sepultada por la gran erupción del volcán Xitle; y en el Valle de Nzuhni (Toluca) como el Dängu de Ndähni (Calixtlahuaca), del cual el Dr. José García Payón manifiesta que es el centro ceremonial más antiguo de tipo proteotihuacano, es decir, preclásico. Horacio Zúñiga y los doctores Farnz Boas, Manuel Gamio y George Vaillant reconocen el orígen otomí de los centros ceremoniales de Ticomán y Copilco; asimismo, Manuel Gamio, reconoció que la civilización arcaica más antigua del Valle es la otomí a la que se refiere la Historia y fundaron Teotihuacan y Cholula; por su parte, Orozco y Berra, afirma que los otomíes fundaron Tula, quienes la llamaban Mämehni.

La civilización otomí edifica otros centros ceremoniales como Tlatilco, Tlapacoyan, Tenayuca y Temamatla; asimismo La venta, Tres Zapotes y el hoy llamado San Lorenzo -ya que otomíes y olmecas eran los mismos-. Construyeron los centros ceremoniales de Xaltocan -donde estuvo una de las ciudades-estado más planificadas-, Ndongu (Xikipilko) -donde estuvo el asiento del gobierno de 'Botzanga (Tilkuetzpallin)-, Ueypochtla, Meztitlan -centro ceremonial dedicada a la luna-, Tototepec y Dongu (Zitácuaro).

Los otomíes fundaron otros centros ceremoniales como la de Madänxi (Xilotepec), Dongu (Huamango), Sahxni, Peni (El Tejocote), La Cofradía, Botí, El Cerrito de la Campana, San José Ixtapa, ubicados en los municipios de Aculco, Acambay, Jilotepec y Temascalcingo. Se consideran también los Dongu de (Cuamango) de Chapa de Mota;Otumba, Ocoyoacac, Otonco (Los Remedios), Naucalpan; Huitzitzilapan, Lerma, entre otros.

Los centros ceremoniales fueron sitios abiertos en un principio, aunque tiempo después eran edificaciones construidas exprofeso. Sahagún dice que el templo de Yocippa era un jacal hecho de paja muy atusada, cuya hechura solamente a su cu era dedicada y nadie hacía casa de aquella manera ni forma . Pedro Carrasco Pizana, escribe que el códice Telleriano-Remensis representa de esta misma manera al templo de la ciudad tepaneca de Tlacopan. Este tipo de casas ceremoniales se usaban en: Tlaluacpan, Tototepec y Xoconochtla, Xillotepec . De acuerdo al Códice Telleriano-Remensis, para la fiesta tan otomí de Uey Miccailhutl, la ceremonia se hacía en el campo. Las cermonias otomíes a Mu'ye (divinidad de la lluvia) se celebraban principalmente en las cumbres de los cerros. Sahagún narra que los otomíes elevaban sus plegarias en la altura de las sierras. Finalmente, al igual que Sahagún y la Relación de Temazcaltepec, Serna escribe que existen datos suficientes sobre las ceremonias que se hacían en las lagunas de la cumbre del Nevado de Toluca durante el mes de Aneguoe oeni (Etalqualiztli).

Como se puede apreciar, la nación otomí tuvo una civilización tan avanzada no sólo en los político sino también cultural, que duro cientos de siglos; hasta el momento de la invasión española, donde los otomíes, al igual que los demás pueblos originarios, fueron perseguidos por practicar la tradición espiritual ancestral, La represión brutal llegó a tal grado que la Iglesia Católica, a través de los frailes y misioneros españoles, junto con la Corona implantaron el Tribunal de la Santa Inquisición para castigar y quemar vivos a los indios que mantenían sus prácticas sagradas, a quienes llamaron idólatras, paganos o herejes.

Así, durante el periódo del Estado colonial, luego con el Estado liberal, y en los periódos posteriores, el pueblo otomí, ha sufrido un largo proceso de evangelización e imposición del catolicismo, A pesar de ello resistieron y mantuvieron encubierto sus practicas espirituales. Sus centros ceremoniales fueron destruidos, algunos quedaron ocultos por los fenómenos naturales. En la mayoría de los casos, la cultura dominante los expropió para fines turísticos, de investigación histórica o arqueológica; pero otros lugares sagrados se siguieron conservando, como los cerros, manantiales, ríos, milpas y el fogón de los hogares, los cuales hasta la fecha son utilizados para preservar su herencia milernaria, trasmitida de generación en generación.

Si bien muchos centros ceremoniales que antaño edificaron los antepasados indios dejaron de ser utilizados por sus descendientes, diferentes pueblos, como el otomí, mantuvo como hasta la actualidad sus prácticas espirituales y ceremonias tradicionales, como el culto a los Du o 'animä (muertos); la ofrenda al Minthe (Guardian del agua) en los manantiales; a Mähkimehöi (Madre tierra), a Mähki Däthe (Río Sagrado), al Ndätho (Padre Montaña), a Nt'axtho (Madre Montaña), a Ngo'mudi (Abuelo Montaña), al Mänxa (Elote), a Tata Hyadi (Padre Sol), a Ngande Zänä (Abuela Luna), a Ngande Tsibi (Abuelo Tsibi); pero sobre todo al Gran Mähkihmuu (La Gran Energía o el Todo). Esta tradición prevalece en las bodas tradicionales, en la medicina y la curación, en el consejo de los mayores y ancianos, en el uso del temascal y en la interpretación de los sueños. Este conocimiento o sabiduría se mantiene en los Guardianes de la -Tradición.
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La Defensa de los Centros Ceremoniales y el Derecho a la Identidad:

A partir de los años cuarentas, se realizan una serie de encuentros, foros y congresos indios, donde se analiza la situación de la educación, cultura y lengua de los pueblos originarios. Pero no es sino hasta los años setentas, se fortalece el proceso de la lucha india por su liberación, y a raíz de su conciencia como pueblos dominados no sólo económica-social o políticamentente sino también educativa y culturalmente. Las organizaciones otomíes, al igual que la de los demás pueblos indios comenzaron a reivindicar el derecho a promover y desarrolar su cultura y mantuvieron una posición de rechazo a la flolclorización y explotación de la cultura india por grupos o intereses ajenos.

Una de las conclusiones del Tercer Congreso Nacional de Pueblos Indígenas, fue que modificara la situación de comercialización o utilización del patrimonio cultural indio por grupos ajenos, ay que atentaba contra la dignidad de ellos. Pedían al gobierno que el argumento de políticos de "respeto" y "defensa" de la cultura india, no fuera sólo discurso; por lo que era necesario que el Estado modificara sus políticas sobre las culturas originarias, para que fueran respetados, reconocidos y no agredidos culturalmente.

Es así como esta política india de descolonización cultural como parte de la recuperación de la identidad étnica, viene a ser apoyado por otras fuerzas, como la Asociación Nacional de Profesionistas Indígenas Bilingües A.C., que nace en 1976, como resultado de la creciente oposición india a los planes oficiales y políticas de Estado, empeñados en usar a los maestros indios como agentes de aculturación, de asimilación del indio a la sociedad nacional. Apartir de entónces no escatimaron esfuerzos en revertir el proceso, en concientizar a los maestros y promotores a fines de que se convirtieran en agentes de liberación de sus pueblos, meta para la que resultaba fundamental la revaloración de la lengua y la cultura indígenas, la descolonización de la enseñanza y el apoyo a la autogestión de los grupos.

En el Primer Seminario de Educación Bilingüe-Bicultural se plantea que es necesario recuperar la filosofía propia que permita la revaloración cultural, para la concientización del indio sobre sus necesidades económicas, sociales, culturales y políticas; para encontrar y lograr la autodefinición étnica y de clase, como requisito para destruir las distintas formas de opresión y explotación que sufren los pueblos originarios. Asimismo se alerta de no confundirse con las prácticas de asimilación, incorporación e integracionismo del Estado, que son el marco ideológico dentro de la cual la clase dominante, heredera del colonizador, pone de relieve la universalidad de su propia cultura y rebaja las aspiraciones de movilidad ascendente del indígena a términos individuales y no colectivos. En otros eventos se rechaza la cultura dominante representada por los capitalistas, que oprimer y explota a los pueblos; asimismo se rechaza las prácticas de destrucción cultural como mecanismo de despojo de las tierras comunales y bosques.

En el Pacto del Valle Matlatzinca, los Otomíes, Mazahuas, Tlahuicas y Matlatzincas del Estado de México, plantearon en 1977, que "por más de 400 años la mayoría de los que han dirigido el país han querido acabar con nuestra cultura, han querido negar nuestra existencia, nuestros valores, imponiéndonos otros que para nosotros son ajenos. Creemos que negar nuestra existencia, nuestro derecho a participar como grupo étnico, es negar a México. ¿Qué nacionalidad pretenden formar, en qué principios se basan, en qué modelo de identidad nos colocan? ¿Podremos hablar de conciencia nacional, negando que México es Nación Pluriétnica, Pluricultural? ¿Podemos hablar de una cultura nacional, negando el pasado histórico, negando la presencia actual de las diversas culturas étnicas? ¿Con qué identidad nos vamos a ubicar en el contexto universal de la cultura?. No somos curiosidades antropológicas, ni objetos de museo; somos Seres Humanos que pensamos y sentimos, que poseemos una identidad cultural que reclama respeto, y estamos en una realidad socio-económica de explotación que requiere ser abolida.

En éste mismo documento, como ya se había señalado en el capítulo anterior, el Grupo del Pacto del Valle Matlatzinca, exige el respeto a sus valores culturales, y piden se les apoye para lograr su fortalecimiento y difusión; asimismo demandan libertad para ejercer su derecho a la autodeterminación y a la autogestión india; exigen la devolución y respeto a sus tierras ancestrales; y se pronuncian "por la defensa de nuestros centros ceremoniales, símbolos de nuestra identidad".

En la Declaración de Temoaya se registra que: "Durante más de cuatrocientos cincuenta años trataron de destruir nuestra sociedad y cultura, de borrar hasta nuestra memoria, pero no lo han logrado todavía ni lo lograrán...Hoy debemos revetir este proceso -colonial-, recuperar nuestra etnicidad, nuestra identidad histórica, y afirmarnos con ella en el proceso de liberación."

En la Carta Abierta a los Hermanos Indios de América, en 1980, se los pueblos indios del Estado de México, recomiendan a las diversas organizaciones indias de América la creación de Centros Culturales directamente administrados por ellas. Asimismo sugiere que en esos Centros se concentre todo el conocimiento existente sobre cada pueblo, y se promuevan estuedios e investigaciones socioculturales; y que desde estos lugares se defienda y difundan los valores culturales, y se el imprima un desarrollo para sacarlos del relativo estancamiento en que los hundio el colonialismo. Pero se aclara que el exigir respeto a las tradiciones no significa quedarse en el conservacionismo o estancamiento cultural; que si se quiere cambiar la situación de sometimiento que se vive, también debe cambiar la cultura india, tomando en cuenta que la cultura india evolucionó aceleradamente hasta la época de la conquista en que fue dominada y reprimida; por ello la importancia del desarrollo cultural, que fortalezca la identidad india en el presente.

Es así que las organizaciones indias en la entidad, como el Consejo Supremo Otomí, consideraban que le recuperación de la identidad étnica, y la defensa de los valores culturales propios, era parte de su proceso de descolonización y liberación. Por ello la demanda de la creación del Centro Ceremonial Mazahua y del Centro Cemonial Otomí, estan vinculados con el derecho a la autodeterminación, autogestión, al territorio, a la organización propia, a la recuperación histórica y al desarrollo cultural.
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La Creación del Centro Ceremonial Otomí:

Uno de los frutos de la larga lucha del Pueblo Otomí, y resultado del Movimiento Indio en el Estado de México, integrado en el Grupo de Pacto del Valle Matlatzica, fue la edificación del Centro Ceremonial Otomí. Ya en 1976, el Gobierno de Jorge Jiménez Cantú había respondido a la demanda del Pueblo Mazahua, apoyando la creación del Centro Ceremonial Mazahua entre los bosques de la comunidad de Santa ana Nichi, municipio de San Felipe del Progreso. La demanda de creación de estos sitios parten de los propios pueblos, no de una iniciativa oficial como lo testifica el Pacto de Valle Matlatzinca y la Declaración de Temoaya, así como la CartaAbierta a los Hermanos Indios de América.

Es así como de acuerdo a testimonios de miembros del Consejo Supremo Otomí en 1980, como Apolinar de la Cruz Loreto y Aniceto Pérez Villar; el Consejero de los Ancianos, Tiburcio Evaristo Espejel; autoridades ejidales como Macario Roque y de Bienes Comunales como Amancio Flores González, entre otros dirigentes de esa época, reafirman que en 1977, las comunidades inician las gestiones para lograr apoyo para la creación un espacio para la realización de sus ceremonias ancestrales, la promoción de sus valores culturales y fortalecer la cohesión de los otomíes; pero también que pudiera ser el eje para la organización comunitaria y regional que les permitiera realizar una serie de acciones para impulsar su desarrolloo como pueblo; contribuyendo así a resolver problemas como la migración a las ciudades por el desempleo, la desintegración étnica, la falta de servicios, carencia de apoyos para el campo y la falta de seguridad social.

Ya logrado el acuerdo de la creación del Centro Ceremonial, donde las comunidades pondrían la mano de obra y los materiales de la región, se propuso en un primer momento que se edificara en tierras de la comunidad de San Bartolo Oxtotilpan, municipio de Jiquipilco; también se mencionaba Otzolotepec y Xonacatlán. Finalmente, se decidió por consenso que el Centro tendría su asiento cerca de la antigua capital otomí de Ndongu (Jiquipilco El Viejo), por lo que las comunidades y ejidos otomíes de Temoaya, acuerdan en Asamblea General, destinar una extensión aproximada de 52 hectáreas de tierras ejidales de Ndohyadi (Solalpan), de las cuales diez serían para las áreas principales de este gran objetivo.

Cerca de Ndongu "Lugar de las Casas Antiguas", se edificaría la nueva Casa Grande, el Dängu, al pie del Ndätho "Lugar de la Montaña Mayor", donde esta la Gran Cueva o el Templo de la Montaña, donde los abuelos llegaban en peregrinaciones hasta la cumbre para presentar a las criaturas al guardian de la Montaña y a la Mähkime Zänä (Venerable Madre Luna) y les dieran fuerza y protección.

En 1988 se iniciaron finalmente los trabajos. Luis Y. Aragón, escultor y pintor, habla sobre esta obra simbólica y cultural: "Los ancianos sabios lo reanunciaban de tiempo en tiempo; presentían que ahí sucería algo importante. Cuando los arquitectos Carlos Obregón Formoso e Iker Larrauri me comunicaron la decisión del gobernador de responder a la esperanza de la comunidad indígena, iniciando los trabajos para el Centro Ceremonial, los nuevos otomíes y yo sentimos que se cumplía la predicción de los viejos sabios. Se había empezado por fin a levantar el templo".

Se viven momentos trascendentes:"Viajando a los antiguos centros ceremoniales de América he tenido la suerte de encontrar grandes amigos hermanos indios y me han llevado a los lugares donde celebran sus ritos...Para la sociedad consumista...el creer en estas ceremonias es retroceso. No entienden que en el pasado de nuestros pueblos hay valores importantes por rescatar, que sirven para lograr la identidad y la conciencia de grupo, que dan fuerza para enfrentarse al futuro...Cuando se iniciaron las obras del Centro Ceremonial, el Supremo Consejo Otomí me habló de sus creencias y ritos, ante el fuego del Gospi milenario...Pero los viejos otomíes siguen hablando desde las concavidades de su impronta".

Transcurren dos años, participan cientos de comunidades y miles de otomíes de diferents municipio, incluso de otras entidades como Hidalgo, entre ellos mencionamos a Ignacio Ríos Ruperto -maestro de obra-, Cipriano Angeles Pascual -ayudante del mural otomí- y Juan Trujillo, de San Ildefonso, Tepeji del Río, Distrito de Tula. Y resultado del trabajo colectivo o comunitario, llamado Mfoxte, se logra culminar esta monumental Centro Ceremonial y magestuoso recinto, y en un acto masivo llevado a cabo en este lugar el 15 de agosto, el gobierno federal y estatal hacen la entrega simbólica de esta obra al Pueblo Otomí.

En el mismo acto, con la presencia de casi cien mil personas, se lleva a cabo la Ceremonia Tradicional Ancestral, encabezada por los mayores y ancianos del Consejo Supremo Otomí, con la participación de los Consejos Mazahua, Matlatzinca y Tlahuica. Asimismo, el Presidente y Jefe del Consejo Otomí, da a conocer la "Carta Abierta al Presidente de la República", a propósito de este evento histórico afirma:

"El Pueblo Otomí nació para vivir, para permanecer siempre sobre esta tierra. El sol que hace tres mil años alumbró nuestro nacimiento nos ve aún en ella, ve hoy a este pueblo que reenciende el gospi de su historia en una decidida afirmación de su identidad...Nuestras culturas, Señor Presidente, siguen estando amenazadas. Hay quien nos respeta y apoya, quien hace votos por nuestra supervivencia, conciente de que eso habrá de enriquecer la cultura nacional, pro hay también quien quiere ver desaparecer a todas nuestras culturas, creyendo que eso es la "civilización", el "progreso".

Ya no consideramos a nuestra historia como la historia del aprobio y la vergüenza. Si tal no fuera nuestro propósito, este Centro Ceremonial no tendría sentido, estaría contra los intereses del pueblo, y se proyectaría como una gigantesca lápida para su tumba. Pero este Centro fue construido con nuestro trabajo y nuestro sudor, es una conquista del movimiento indígena del Estado de México, unificado y fortalecido por el Pacto del Valle Matlatzinca, que Otomíes, Mazahuas, Tlahuicas y Matlatzincas firmamos con sangre, jurando defender nuestros elementales derechos.

El Centro Ceremonial habrá de ser la capital de nuestro pueblo, el corazón de nuestra esperanza, la mejor expresión de nuestros deseos de permanecer, y el eje de nuestra recuperaciómn histórica. El fortalecerá nuestra convicción en los sagrados principios de nuestra cultura, y acrecentará nuestro compromiso con nuestra causa, porque se está viendo que no es una causa imposible, una causa perdida...Nuestra nación se levanta, emerge sobre la faz de la tierra con el deseo de ser grande, y respetada en el mundo entero. Desde este Centro Ceremonial miramos hoy con fe el futuro, con plena confianza en nuestras fuerzas, pues todo pueblo unido bajo un propósito resulta invencible, y en el futuro está la libertad, está la igualdad, está el fin de la explotación, y está también la cultura otomí, nuestra identidad histórica."

En ese mismo acto, José López Portillo, en su mensaje presidencial reconoce que esta obra es "el símbolo del poder y la aspiración de libertad. Ahí se encierra el produndo significado en el que se encubre el alma otomí, idéntica al alma de todos los hombres de América, encajados en la tierra como raíces que aspiran siempre a cubrir la gloria del universo, aspiran a trabajar aquí, para liberarse, para ser independientes, para ser dignos, para ser ellos mismos...-por eso- queremos que el trabajo sea el camino de la libertad, de la independencia; eso quisieron los otomíes, eso quisieron y quieren todas nuestras razas, eso queremos ahora todos los mexicanos..."

Jorge Jiménez Cantú, entónces Gobernador, ratificó que: "La edificación de este Centro Ceremonial, atestigua lo que nuestra gengte puede hacer con el fuego de su entusiasmo, como lo hicieron nuestros remotos antepsados, cuando lo inspiraron ideas y valores superiores que fueron más allá, de un apetito utilitario, o de una efímera fantasía. Cada piedra de este recinto fue colocada con el amor y con la pasión del alma. El hermano Otomí, da testimonio, nuevamente, de su grandeza pasada y de su energía presente, para redescubrir lo que atesora en su espíritu: el caudal inagotable de su fortaleza y de su capacidad de lucha, como bello ejemplo para las generaciones jóvenes, como relámpago de nuevo amanecer".

En ese mismo periódo Jiménez Cantú expresó: "Este templo quedará en manos de uno de los pueblos m´ñas antiguos del continente, avasallado y herido en el pasado, que ahora tiene guiadores preparados moral y culturalmente, para lograr la gran unión india que será fuerte y tendrá podcer, como está escrito en el Pacto del Valle Matlatzinca que se firmó con sangre y la Declaración de Temoaya.

Una vez los ancianos comentaron ante el fuego: "Ahora, en los brazos de Ndätho, Padre Montaña, está el gran templo que llevaba dentro, y mira al Occidente -Ngo'mudi- abuelo otomí y al Sur -Nt'axtho- Madre Matlatzinca, gran triángulo como en el Gospi del mural".

El Centro Ceremonial Otomí conserva en todos sus reductos arquitectónicos la caractrización de las grandes construcciones prehispánicas y honraría a los héroes raciales de este pueblo, especialmente al llamado 'Botzanga (Tlilcoetzpallin), o sea "Lagartija Negra", que defendió la libertad de su pueblo en contra de las incursiones conquistadoras de los purépechas y de los aztecas. En el espléndido marco natural del cónclave del centro, destaca la escultura de este protohéroe de la libertad.

El Centro consta de un Gran Templo Mayor, donde se ubica el Salón de Consejos; una Plaza Ceremonial, donde los ancianos y autoridades tradidonales realizarían las ceremonias rituales cada primer y segundo domingo de mes. Alrededor de la Plaza Ceremonial se yerguen 52 pebeteros en forma de serpientes entrelazadas, simbolizando los 52 años del calendario mesoamericano; asimismo escalinatas que suman 365 escalones. En el extermo oriente de la plaza se localiza una Fuente Lustral, para represetnar el agua, elemento vital; y en su parte superior central en la misma dirección se levanta el símbolo de Tata Hyadi, la piedra solar; y a los lados de esta, doce conos que representan las generaciones otomíes transcurridas

En la parte frontal del lado poniente del Templo Mayor, se plasma el Gran Mueral del Dá Mixi, en donde se representa la cosmovisión y los símbolos sagrados del pueblo. Del mismo lado se levanta el Gran Thaay (Señor y Mensajero del Tiempo y del Espacio), que representa al otomí que se levanta de la opresión y va en búsqueda de su liberación final.

Asimismo cuenta con circulaciones y plazas, lagos y cascadas, esapcios para realizar los actos masivos del pueblo otomí, cuenta con departamentos de una gran utilidad social, para las reuniones de los líderes naturales de este Pueblo. Una Ecuela Agropecuaria donde, especialmente, se prepararía a los campesinos en la agricultura y la ganadería de alta montaña; un museo para sus joyas arqueológicas, sus reliquias, etc.; una Escuela de Artesanías; una plaza para tianguis tradicional y albergues.
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El Centro Ceremonial y la Política del Estado:

En el documento Tributo de Admiración al Pueblo Otomí, ya referido, editado por el Gobierno del Estado de México expresa: ¡ MANOS OTOMIES LO HICIERON !. Y luego para explicarlo pregunta ¿ QUE ES EL CENTRO CEREMONIAL OTOMI ?...y responde:

"Una acción encaminada a conservar y preservar los valores culturales, la identidad del pueblo, la cohesión de familia del importante grupo étnico otomiano, regado al noreste de la ciudad de Toluca, es sin duda la creación del Centro Ceremonial Otomí, que está en sus últimas etapas de construcción sobre los terrenos de la antigua Temoaya, y constituye el corazón de la obra de gran trascencencia social, o sea el "Parque Otomí-Mexica del Estado de México, que tiende a mantener el equilibrio ecológico en una vasta zona de 85 kilómetros. Aproximadamente, comprendida entre el Macizo de Zempoala y la Sierra de la Bufa." Este es el eje de la amplia zona de nuestros hermanos los otomíes; donde se construye una carretera que habrá de ligar directamente Tula, Hidalgo, Otomí, con Toluca, otomí y matlatzinca.

Es notable ver como estos pueblos del Valle de Toluca, el Mazahua y el Otomí, se han conservado unidos, casi impenetrables al avance de otrows valores de civilización y cultura,. Y mantienen vivo su espíritu tradicional y sus mejores valores humans. Sin embargo, las aflictivas condiciones económicas en que han vivido durante varios siglo, originaron en los últimos tiempos emigraciones masivas hacia los centros de producción y fuentes de trabajo, como es el clásico caso de las "Marías", y de centenares de peones de las obras de construcción en el D.F. y la Zona Metropolitana.

En homenaje a este pueblo y para evitar su desintegración, es que el Gobierno del Estado de México, al mando del Dr. Jorge Jiménez Cantú, decidió realizar el Centro Ceremonial Otomí, igual que la que ya existe, desde 1976, el Centro Ceremonial Mazahua en Santa ana Nichi, del municipio de San Felipe del Progreso.

Naturalmente, esta acción altamente espiritual y simbólica, ha estado unida a la labor que desde 1975 se lleva adelante, en especial a través del Ejército del Trabajo, para dotar a todas las comunidades indígenas de servicios sustanciales: agua potable, drenaje, electricidad, caminos, etc., lo cual combinado con los recursos educativos, el estímulo a la producción agropecuaria, la apertura de fuentes de trabajo en agroindustrias y artesanías, en fin, es lo único que puede en verdad retrener a estos mexicanos en sus lugares de orígen."

Las motivaciones que dieron orígen tanto al Centro Ceremonial como el Parque Otomí-Mexica, es necesario darlas a conocer tal y como se produjeron a principio de año, cuando se inició la colosal obra:

"En este Parque se construirá el Centro Ceremonial OTOMI, como la obra más representativa y simbólica, en homenaje a este grupo étnico y originario que merece nuestra mas alta consideración y que existeiendo pueblos representativos de gran laboriosidad, inteligentes, produnamiente arraigados a su tierra y claramente imbuidos de mexicanidad y patriotismo, merecen ser apoyados para promover una nueva etapa de acción integradora a la cultura y a la civilización que les otorgue la justicia social en la plenitud., con posibilidades de vivir con higiene, salud, fuentes de trabajo, seguridad y esparcimiento.

En suma, que este grupo ha sido tradicionalmente marginado, no obstante ello ha logrado sobrevivir y no solo eso, sino ha dido un factor contribuyente al progreso de nuestro país y ha formado parte invariablemente de la filas de hombres valientes que supieron lugar y derender las libertad y la dignidad de México. Que sin recibir nada, ha sabido darlo todo y que jamás ha escatimado sacrificios a pesar de su indigencia y del permanente olvido en que se ha tenido la fuerza de su virtudes."


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